Cuando los titulares dicen una cosa y el dinero hace otra

Llevo unos días dándole vueltas a un informe de Deutsche Bank Research que me parece relevante por una razón sencilla: cuenta una historia que no es la que domina los periódicos. El título lo dice sin rodeos —M&A Spotlight: Megatrends supersede war fears, megatendencias por encima de los miedos a la guerra—, y la tesis es que, mientras el mundo mira hacia Irán y el petróleo, los grandes movimientos corporativos siguen su curso. De hecho, no solo siguen: en algunos frentes se aceleran.

Conviene situar el contexto, porque importa. El propio informe abre recordando el análisis del FMI sobre las secuelas de la guerra en Irán: en el escenario central, el crecimiento global se proyecta en el 3,1% en 2026 y el 3,2% en 2027, algo por debajo del ritmo reciente del 3,4% de 2024-25. En el escenario adverso —subidas de la energía más grandes y persistentes— el crecimiento bajaría al 2,5% y la inflación tocaría el 5,4%. Y en el severo, con más daño a las infraestructuras energéticas, el mundo crecería apenas un 2% en 2026 con una inflación por encima del 6% en 2027. La frase que el informe destaca, citando al FMI, es de esas que se quedan grabadas: «el impacto sobre las economías emergentes y en desarrollo sería casi el doble que sobre las economías avanzadas». Pensemos en lo que eso significa: la factura de la guerra no se reparte equitativamente, y quien menos amortiguadores tiene es quien más paga.

Pues bien, con ese telón de fondo, lo interesante es que el apetito por comprar empresas no se ha enfriado. Y ahí es donde el documento empieza a aportar datos que merece la pena mirar con calma.

Caen los valores, suben los números: un matiz que importa

En Estados Unidos, las cifras del primer trimestre cuentan algo aparentemente contradictorio. El valor de las operaciones cayó tras un cuarto trimestre de 2025 excepcionalmente fuerte. Pero el número de operaciones está subiendo. Deutsche Bank lo interpreta —y a mí me convence— como una señal de que el impulso de las fusiones se está ensanchando más allá de las megaoperaciones. Es decir: ya no es solo cuestión de cuatro grandes transacciones titánicas que mueven la estadística, sino de un goteo más amplio de empresas que vuelven al mercado.

Gráfico de líneas y área de Deutsche Bank titulado "M&A deals in the US (3m rolling sum)". La línea azul oscuro (Value $bn, lhs) muestra el valor de las operaciones desde 2000 hasta 2026, con un fuerte repunte reciente que alcanza un máximo cercano a 850-900 $bn a finales de 2025 antes de retroceder; el área azul claro (Count, rhs) representa el número de operaciones, oscilando en su tramo final cerca de los 3.000 sobre una escala derecha que va de 1.500 a 4.500.

El gráfico es elocuente. La serie de valor (en azul oscuro, Value $bn, lhs) había escalado hasta un pico cercano a los 850-900 mil millones de dólares a finales de 2025 —comparable a los grandes picos de 2015 y 2021— para corregir después en el arranque de 2026. Mientras tanto, el área que mide el recuento de operaciones (Count, rhs) se mantiene firme. Y este es el punto que a Deutsche Bank le parece sano: un mercado de fusiones que se sostiene en muchas operaciones de tamaño medio es más robusto que uno que depende de un puñado de megadeals. En Europa Occidental, por cierto, ocurre lo contrario —los grandes acuerdos cargaron con el peso del trimestre pese a cierta ralentización en el número de operaciones—, lo que dibuja dos mercados con personalidad propia.

Lo que de verdad mueve las fusiones

Aquí está, para mí, la parte más sustanciosa del informe. Deutsche Bank ha construido un modelo cuantitativo que mide cómo seis megatendencias —tecnología, deuda soberana y el papel del Estado, geopolítica y globalización, demografía y migración, transición energética, y política doméstica y descontento social— afectan a los mercados de fusiones.

¿La conclusión? El agregado de esas seis megatendencias ha ido ganando peso en las operaciones estadounidenses tras un bache en la década de 2010. Y hay un matiz que me parece muy revelador: las temáticas pierden importancia cuando los tipos de interés están extremadamente bajos, y la recuperan cuando los tipos «se normalizan». Tiene su lógica. Cuando el dinero es gratis, casi cualquier operación cuadra sobre el papel y los criterios estratégicos se difuminan; cuando el dinero vuelve a tener un precio, las empresas se vuelven más selectivas y compran por razones de fondo —tecnología, posicionamiento geopolítico— y no por mero arbitraje financiero. Así pues, paradójicamente, unos tipos más altos disciplinan y mejoran la calidad de las fusiones.

Dentro de esas megatendencias, dos destacan por su vínculo cada vez más estrecho con las fusiones: la tecnología y la geopolítica/globalización. El informe lo resume con una frase que me gustó por su concisión: las fusiones aprecian la calma geopolítica, pero adoran el avance tecnológico. Y eso me lleva a la radiografía sectorial, que es donde el dinero deja huella.

Energía, defensa y tecnología: dónde está el dinero

Gráfico combinado de barras y puntos de Deutsche Bank titulado "Global M&A value ($bn) in selected geopolitically-sensitive sectors", con barras azul oscuro para el valor del Q1'26 (eje izquierdo, 0 a 500) y puntos para el crecimiento QoQ e YoY (eje derecho, -100% a 100%). Computers & electronics encabeza con una barra de 392 $bn y un YoY del 58%; le siguen Utility & Energy con 143, Telecoms 60, Oil & Gas 57, Metal & Steel 27, Mining 22, Chemicals 16 (con un -62% destacado), Aerospace 11 (YoY 86%) y Defence 1 (YoY 27%). Los sectores se agrupan en tres bloques: Tech, Energy and materials, y Aerospace & defence.

Este gráfico vale por mil palabras. La barra dominante es la de Computers & electronics, con 392 mil millones de dólares de valor en operaciones en el primer trimestre de 2026 y un crecimiento interanual (YoY growth) del 58%. Le sigue, a mucha distancia, Utility & Energy con 143, y luego Telecoms (60), Oil & Gas (57), Metal & Steel (27), Mining (22), Chemicals (16), Aerospace (11) y Defence (1). Conviene no sobreinterpretar: en términos absolutos, la tecnología aplasta a todo lo demás, y los sectores ligados a la energía y la defensa siguen siendo —en palabras del propio Deutsche Bank— un área «naciente» del mercado de fusiones.

Pero la película cambia si miramos el ritmo de crecimiento en lugar del tamaño. Aerospace registra un 86% interanual, el mayor de todos; Computers & electronics un 58%; Utility & Energy un 41%; Mining un 37%. No todo crece, eso sí: Chemicals cae un 62% interanual. Es decir, los sectores geopolíticamente sensibles —energía, defensa— están viviendo un trimestre especialmente bueno, justo lo que cabría esperar en un mundo donde la seguridad energética y militar ha vuelto al centro del tablero. Las empresas, sencillamente, están usando las fusiones para cubrirse frente al riesgo geopolítico. Y lo hacen con dinero, no con declaraciones.

El dato que no sale en los periódicos: los CEOs no tienen miedo

Y aquí llega la pieza que más me ha hecho pensar. Existe una divergencia notable entre dos sentimientos que rara vez se comparan: el del consumidor (del que se habla constantemente) y el del directivo empresarial (del que apenas se habla).

Gráfico de líneas de Deutsche Bank titulado "Sentiment measures since end of 2021 (indexed)", con dos series desde Dec-21 hasta Mar-26 sobre una escala de 0,6 a 1,2 con línea de referencia en 1,0. La línea azul oscuro (CEO confidence in the economy 1 year ahead) se mantiene en su tramo final cerca de 0,9, mientras la línea azul claro (UMich consumer sentiment) cae con fuerza hasta aproximadamente 0,68 al final del periodo, marcando una clara divergencia entre ambos.

El gráfico indexa ambas series a finales de 2021. La línea azul oscuro mide la confianza de los CEOs en la economía a un año vista (CEO confidence in the economy 1 year ahead); la azul claro, el sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan (UMich consumer sentiment). En el tramo final, hacia marzo de 2026, ambas líneas se separan con claridad: la confianza de los directivos se sostiene en torno a 0,9, mientras el sentimiento del consumidor se desploma hasta cerca de 0,68 —su nivel más bajo del periodo—. El informe lo cifra en otra parte como un diferencial de unos 20 puntos porcentuales en Estados Unidos.

Es un contraste fascinante y, francamente, sano para entender el momento. Mientras los consumidores reportan, según el documento, su peor sentimiento registrado, los CEOs siguen ejecutando grandes operaciones sin inmutarse. ¿Quién acierta? No lo sé, y desconfío de quien lo afirme con rotundidad. Pero hay una lectura razonable: el directivo mira el balance de su empresa, los márgenes, la caja, las oportunidades concretas que tiene delante; el consumidor mira los titulares, los precios del supermercado y la guerra. Deutsche Bank añade un argumento técnico que refuerza la idea: la sensibilidad de las bolsas (S&P 500 y FTSE 100) a los factores macro está cerca de su mínimo de varios años. Es decir, los mercados —y con ellos las fusiones— se están dejando guiar menos por el ruido macroeconómico de lo que muchos supondrían.

¿Y esto qué significa para tu patrimonio?

Llegamos a la pregunta que en BISSAN nunca nos saltamos. ¿Qué nos dice todo esto para gestionar el patrimonio de una familia?

Primero, una constatación que conviene no perder de vista: el ruido geopolítico y el sentimiento del consumidor, por dramáticos que sean, no están frenando la actividad económica de fondo. Los que toman decisiones de capital con información de primera mano —los CEOs— siguen invirtiendo y comprando. Eso no garantiza nada sobre el corto plazo de los mercados (el timing es harina de otro costal), pero sí es un recordatorio de que las economías tienen una inercia que sobrevive a los titulares. Desgraciadamente, esa inercia es justo lo que el inversor nervioso suele ignorar cuando vende en el peor momento.

Segundo, el informe valida una idea que repetimos a menudo: las fuerzas estructurales —la tecnología, la transición energética, la reordenación geopolítica— pesan cada vez más en cómo se asigna el capital, y lo hacen más cuando los tipos dejan de ser cero. Para una cartera bien planificada, esto refuerza el sentido de tener exposición a esas megatendencias de forma diversificada, sin apostarlo todo a un sector de moda y sin tratar de adivinar qué trimestre será el bueno.

Y tercero, una nota de prudencia, que sería irresponsable omitir. El propio Deutsche Bank dibuja escenarios adversos serios —un crecimiento global del 2% y una inflación por encima del 6% si la energía se descontrola—. La actividad de fusiones es robusta hoy, pero descansa sobre la premisa de que el conflicto no escala. Si esa premisa se rompe, la película cambia. Por eso en BISSAN no se trata de apostar a un único desenlace, sino de construir carteras que resistan varios. La geopolítica te da la dirección; los mercados, el timing. Nosotros vigilamos ambas cosas, sabiendo —con la humildad que enseñan quince años haciendo esto— que el futuro no nos pertenece. El tiempo dirá.