Cada vez que aparece una tecnología capaz de hacer lo que antes hacían las personas, vuelve el mismo miedo: esta vez sí, esta vez la máquina se queda con los empleos y los precios se derrumban. El Deutsche Bank Research Institute, con Jim Reid al frente, ha hecho el ejercicio más útil que se puede hacer ante ese temor: mirar atrás. No unos años, sino 250. Y la conclusión, después de repasar innovaciones que van desde la lanzadera volante hasta la inteligencia artificial generativa, es serena: la historia no respalda la tesis catastrofista sobre el empleo, y tampoco la tesis de que la IA vaya a traer deflación estructural. Lo que sí cambia el cuadro es la política — monetaria, fiscal y, cada vez más, democrática.

El informe se divide en tres bloques que conviene tratar por separado: qué dice la historia sobre el impacto de la IA en el trabajo y los precios, cómo va realmente 2026 en los mercados (rotación, dispersión y vuelta del value), y si Estados Unidos necesita de verdad bajar tipos. Vamos por partes.

El empleo: 250 años diciendo lo mismo

La pieza central de la primera sección es una serie larguísima: la tasa de paro de Reino Unido desde 1755, superpuesta a las grandes innovaciones desde la primera Revolución Industrial. El mensaje visual es contundente. Los picos de desempleo no coinciden con la llegada de la máquina de vapor de Watt, del telégrafo, del ferrocarril, del motor de combustión interna o de la informática. Coinciden con shocks macroeconómicos: el bache de los años veinte, la Gran Depresión, la recesión de principios de los ochenta.

UK unemployment rate since 1755 with major innovations labelled (Water frame / power loom, Watt steam engine, Railways, Internal combustion engine, PC + enterprise software, Gen AI), showing peaks at the Great Depression and the early 1980s recession (DB) Figura 1. Paro en Reino Unido desde 1755 e innovaciones desde la primera Revolución Industrial — Fuente: Deutsche Bank.

Reid lo resume con una frase que sirve de cita del informe: el mínimo del 3,4% de paro estadounidense en la primera mitad de 2023 fue el más bajo (empatado) desde 1953, y si la IA llegara a "destruir" el mercado laboral en agregado, sería la primera gran innovación de la historia en conseguirlo. Lo que la historia muestra una y otra vez es desplazamiento, no destrucción: la tecnología mueve los empleos de sitio. El gráfico del empleo en EE. UU. por sectores desde 1850 lo ilustra con claridad: la agricultura, que ocupaba a la mayor parte de la población, se vacía; manufactura y construcción suben y luego ceden; servicios profesionales, comercio y, por último, "Information" van ganando peso. El escenario más probable, sostiene el banco, no es un desempleo masivo sino adaptación y empleos futuros que hoy no sabemos ni nombrar.

Eso no significa que no haya señales de fricción. Deutsche Bank presenta una relación interesante: cruzando un índice de difusión de la IA con el cambio en el paro juvenil desde diciembre de 2022, aparece una correlación positiva nada trivial (R² = 0,61). Las economías con mayor adopción —Francia en lo más alto del índice, cerca de 44, seguida de Australia, Canadá y Reino Unido— tienden a mostrar más deterioro del empleo joven desde el lanzamiento de ChatGPT.

Scatter of AI Diffusion Index vs change in youth unemployment since end of 2022, R² = 0.6114, labelling France, Australia, Canada, U.K., Korea, Germany, U.S., Italy, Japan, Mexico (DB) Figura 2. Índice de adopción de IA frente al cambio en paro juvenil desde diciembre de 2022 — Fuente: Deutsche Bank.

El propio informe matiza el dato: aun siendo real, estos aumentos del paro juvenil son menores comparados con los shocks estructurales y cíclicos de las últimas décadas. La objeción de fondo es más sutil y, a mi juicio, la parte más valiosa del documento. Aunque la IA no destruya empleo neto, puede abrir una brecha entre productividad y salarios. Ya ocurrió: la llamada "pausa de Engels" entre 1790 y 1840, cuando los salarios reales se estancaron en Reino Unido pese al progreso técnico. La diferencia respecto a entonces es política: en aquella época casi nadie votaba, así que no había presión democrática contra la disrupción. Hoy votan todos, incluidos los jóvenes — y Deutsche Bank señala que en EE. UU. el votante millennial y más joven será mayoría ya en 2028. Con la participación del trabajo en la renta en mínimos históricos, bastaría poco para que un nuevo golpe al empleo provocara una respuesta política: regulación de la IA, redistribución vía impuestos de sociedades (que tienen recorrido frente a sus niveles históricos) o apoyo directo a las rentas.

Y sobre la deflación, la otra gran inquietud, el banco es tajante: desde la Revolución Industrial la humanidad no ha parado de innovar y, sin embargo, la inflación ha tendido al alza. Como recuerda citando a Friedman, la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. El ejemplo es perfecto: el precio de los ordenadores personales ha vivido una deflación brutal en las últimas décadas —el índice se desploma desde 1980 hacia cero— mientras el deflactor general del consumo (PCE) ha subido sin descanso.

PC/tablets price index (collapsing from ~130,000 toward zero, 2017=100) vs PCE Chain Price Index (rising from ~38 to ~128), labelled "Personal Computers/Tablets & Peripheral Equip Price Index" and "PCE: Chain Price Index", 1980-2025 (DB) Figura 3. Precio de los PCs frente a la inflación general (US PCE), índice 2017=100 — Fuente: Deutsche Bank.

La lectura es directa: un sector puede desplomarse en precio sin que ello determine la inflación agregada. Esa la fija la política. Aunque la IA generara grandes fuerzas deflacionistas y paro, lo razonable sería esperar una respuesta monetaria y fiscal contundente. Es un recordatorio que encaja con cómo entendemos en BISSAN el riesgo: la narrativa tecnológica seduce, pero el régimen monetario manda.

2026 en los mercados: rotación, dispersión y vuelta del value

La segunda parte abandona la historia y aterriza en el aquí y ahora, y es la más accionable. Desde finales de octubre de 2025 ha habido una rotación notable en EE. UU. El S&P 500 ha quedado prácticamente plano (+0,27%), pero no porque el mercado entero esté parado: nueve de los once sectores principales suben. Lo que ha frenado al índice es el peso de la tecnología.

Bar chart of S&P sector returns since October 29, 2025: S&P 500 +0.27%, equal-weighted +8.58%, Energy +24.58%, Materials +21.48%, Consumer Staples +15.87%, Industrials +13.87%, Health Care +9.18%, down to Consumer Discretionary -4.21% (DB) Figura 4. Rentabilidad de los sectores del S&P 500 desde el 29 de octubre de 2025 — Fuente: Deutsche Bank.

Los números son elocuentes. Energía lidera con un +24,58%, seguida de Materiales (+21,48%), Consumo Básico (+15,87%) e Industriales (+13,87%). Sanidad sube un +9,18% e Inmobiliario un +8,26%. En el otro extremo, Consumo Discrecional cae un -4,21% y Tecnología de la Información se hunde cerca del -9,6%. El detalle clave: el S&P 500 equiponderado avanza un +8,58%, muy por encima del índice ponderado por capitalización. Es decir, "la bolsa media" lo está haciendo bastante bien; lo que pesa es la concentración en unos pocos valores enormes. Deutsche Bank traza un paralelismo histórico con la rotación que siguió al estallido de la burbuja tecnológica en marzo de 2000, cuando el índice aguantó plano hasta septiembre y luego cedió por el peso de la corrección tecnológica, mientras los defensivos seguían tirando.

La dispersión dentro del propio universo tecnológico es el otro gran tema, y aquí la imagen es cruda. El informe mide la caída desde máximos de 52 semanas de una selección de valores de IA, tecnología y activos relacionados.

Drawdowns from 52-week highs for selected US tech and related stocks, legend Software / Private equity / Crypto / Mag 7 / Other Tech, ranging from -81% and -78% at the worst to around -1% to -7% at the mild end (DB) Figura 5. Caídas desde máximos de 52 semanas en una selección de valores tecnológicos y relacionados — Fuente: Deutsche Bank.

Las caídas más severas, del orden del -81% y -78%, se concentran en software y "otra tecnología", con varios valores entre el -50% y el -60%. Conviven en el gráfico cinco categorías —software, private equity, cripto, los Mag-7 y otra tecnología—, y conviene leer la leyenda antes de extraer conclusiones: los nombres de los Mag-7 están en el extremo más suave, con correcciones que van del -26% a apenas un -1%. Que el S&P 500 esté apenas por debajo de sus máximos pese a estos desplomes individuales dice mucho del papel amortiguador que han jugado el resto de sectores. Aquí cabe una nota sobre la cripto: aparece en el gráfico como activo castigado, no como recomendación; en BISSAN la estudiamos para entender el mapa de riesgo, pero no forma parte de las carteras.

El propio bloque de los Mag-7 confirma el giro: en el conjunto, todos han quedado por debajo del S&P 500 en lo que va de 2026, aunque cuatro de ellos sólo ligeramente. Tras retornos espectaculares en 2025 —el mejor por encima del +65%, otro cerca del +39%—, el arranque de 2026 muestra varios en negativo, con caídas de en torno al -9% en los más rezagados. El liderazgo estrechísimo de los últimos años se está abriendo.

¿Y qué guía esta nueva fase? El informe apunta a la valoración. En 2025 las rentabilidades de las bolsas por países mostraron una correlación fuerte con las valoraciones de partida —los mercados baratos lo hicieron mejor— y el patrón parece repetirse en enero de 2026. El value, ese factor tantas veces dado por muerto, vuelve a ser una brújula útil. Es música para quien, como nosotros, construye carteras con disciplina de precio y diversificación geográfica en lugar de perseguir el último ganador.

¿Necesita EE. UU. bajar tipos?

El tercer bloque es el más breve y el de tono más escéptico. Deutsche Bank no ve, a primera vista, un caso claro para recortes de la Fed. Las sorpresas de datos económicos en EE. UU. están en la parte alta de su rango de los últimos dos años, lo que no apunta precisamente a tipos o rentabilidades más bajos. El output gap sigue claramente positivo, señal de una economía que corre más caliente que fría. Y el PCE subyacente ha vuelto al 3,0%: en marzo habrá estado por encima del 2% durante cinco años completos — y la última vez que eso ocurrió, se quedó arriba casi treinta. Por si fuera poco, las materias primas han repuntado con fuerza y el consenso espera que la inflación estadounidense siga por encima del objetivo entrando en 2027.

La excepción que recoge el título es precisamente la tecnología: el argumento para recortar no estaría tanto en la macro como en un eventual "derretimiento" de las valoraciones tecnológicas que arrastrara a los mercados y a la confianza. Es un matiz importante, porque revela dónde está el verdadero riesgo de cola: no en un sobrecalentamiento clásico, sino en la fragilidad de un mercado todavía muy dependiente de un puñado de nombres.

Lectura de fondo

El gran mérito del documento es bajar las revoluciones del debate sobre la IA sin negar sus riesgos. La historia sugiere que la tecnología desplaza el trabajo pero no lo destruye, que la deflación de un sector no determina la inflación general, y que el verdadero comodín es la política — antes monetaria, ahora cada vez más democrática, a medida que el votante joven gana peso. Para los mercados, la fotografía de 2026 es la de una rotación sana por debajo de la superficie: nueve de once sectores arriba, el equiponderado batiendo al índice, la concentración tecnológica corrigiendo y la valoración recuperando su papel de guía. Nada de esto es una recomendación de inversión, pero sí encaja con una idea que defendemos sin descanso: diversificar de verdad y respetar el precio de entrada protege mejor que apostar a que esta vez la historia no se repetirá.