Man Group es una de las mayores gestoras cotizadas del mundo y una casa con una fuerte tradición cuantitativa y alternativa (su división AHL es referencia en trend-following sistemático). Por eso resulta llamativo que estrene su primer Man Global Outlook con una pieza explícitamente macro, top-down, firmada por su Chief Market Strategist Kristina Hooper y presentada por la propia CEO, Robyn Grew. El documento abre con una declaración de principios poco habitual: en Man Group "no tenemos house view, y estamos orgullosos de ello". Los gestores tienen libertad para perseguir oportunidades según convicciones individuales. Lo que sigue, por tanto, no es una verdad corporativa sino la lectura de Hooper, destilada a partir de las opiniones de muchos profesionales de inversión de la casa.
El título lo resume todo: Divergent Paths — What happens when the world stops moving together? La tesis es que 2026 marca el fin de una era en la que las grandes economías se movían más o menos al unísono. A partir de ahora, las prioridades domésticas se imponen a la coordinación internacional, y eso fragmenta el crecimiento, divide la política monetaria y reescribe las dinámicas de inversión. Para BISSAN, este es exactamente el tipo de mapa que conviene tener encima de la mesa: no porque sigamos predicciones macro a corto plazo (no lo hacemos), sino porque entender hacia dónde diverge el mundo ayuda a calibrar la diversificación real de las carteras de nuestros clientes.
1. El caso base: recesión leve en EE. UU. y un mundo a varias velocidades
El escenario central de Hooper anticipa una recesión suave en Estados Unidos, empujada por los aranceles, la política migratoria y un desempleo al alza. En ese entorno, la Fed haría un easing modesto. Mientras tanto, eurozona y Japón acelerarían apoyadas por un aumento significativo del estímulo fiscal. China crecería de forma estable o ligeramente inferior (entre el 4,7% y el 5% anual), con el gasto fiscal compensado por los problemas del sector inmobiliario. Reino Unido vería un crecimiento plano o algo más débil, sostenido por una política monetaria acomodaticia del Banco de Inglaterra. Y las economías emergentes, especialmente las de Asia, se beneficiarían de un dólar más débil y de dinámicas regionales favorables.
La idea de fondo es importante: durante años, las economías desarrolladas se sincronizaron (mismas subidas de tipos, misma inflación pospandemia, misma recuperación). 2026 rompe ese patrón. Cada economía sigue su propio ciclo, su propia política y sus propias prioridades. Para un inversor, eso tiene una consecuencia directa: la diversificación geográfica vuelve a tener sentido, porque los mercados dejan de moverse en bloque.
2. EE. UU.: un "one-trick pony" que depende de la IA
El análisis de Estados Unidos es el más detallado y, francamente, el más preocupante. Hooper recuerda que es una economía impulsada por el consumo: aproximadamente el 68% del PIB (10,6 billones de dólares) procede del consumo de los hogares. Y ese consumidor está bajo presión creciente — menor asequibilidad, desempleo al alza, deuda estudiantil (uno de cada cuatro adultos menores de 40 años la tiene), un encarecimiento del 41% en los costes de servicios básicos del hogar entre 2020 y 2025 (electricidad, gas y agua), seguros médicos y de propiedad más caros. El sentimiento del consumidor está en niveles muy bajos.
Pero el dato que mejor resume la fragilidad es otro. Según una investigación del economista de Harvard Jason Furman, el 92% del crecimiento total del PIB estadounidense en el primer semestre de 2025 puede atribuirse al gasto en inteligencia artificial. Sin el aumento de la construcción de data centers, calcula Furman, el crecimiento habría sido mínimo. Es decir: la economía más grande del mundo se ha convertido, en palabras del propio paper, en un one-trick pony. Si la inversión en IA se ralentiza —por falta de tierras raras, por restricciones energéticas, por dificultades de financiación o porque los resultados decepcionen—, podría arrastrar a la baja tanto la economía como la bolsa, ya que las acciones de IA han sido en gran medida responsables de la subida del mercado.
A esto se suma la concentración del consumo. La economía estadounidense es hoy una economía "en forma de K", donde distintos segmentos de renta viven realidades opuestas. Según Moody's Analytics, el 49% del consumo lo aporta el 10% de los hogares de mayor renta. Ese tramo alto de la K es muy sensible a la bolsa: si el mercado cae, su gasto se deteriora. Y la desigualdad de renta no para de crecer.
Share of household income, Top 5 percent vs. Lowest quintile, 1970-2024 (US Census, datos a 31 dic 2024) — la divergencia estructural de la economía en forma de K.
A esta foto se añaden dos vientos de cara que Hooper considera determinantes para 2026: los aranceles y la inmigración. Los aranceles distorsionan el comercio, encarecen los bienes intermedios (casi la mitad de las importaciones son bienes no terminados usados por la industria estadounidense) y, al ser un impuesto regresivo, agravan la desigualdad. La política migratoria —con la tasa de 100.000 dólares para los nuevos visados H1B, más de 500.000 deportaciones y 1,6 millones de autodeportaciones en lo que va de año según el Department of Homeland Security— genera escasez de mano de obra, mayores costes y menor recaudación. La conclusión es que el easing monetario que cabe esperar de la Fed no bastará para compensar tantos vientos de cara, sobre todo si la inflación se mantiene persistente.
3. Cuatro tendencias estructurales para 2026
Más allá del análisis país a país, Hooper identifica cuatro grandes corrientes que definirán el año:
Fragmentación de la política monetaria. Los bancos centrales toman caminos marcadamente distintos. La Fed navega presiones recesivas con una inflación persistente que limita los recortes; el Banco de Inglaterra recortará; el BCE aguanta firme pero con margen para actuar si aparece debilidad (la inflación está cerca del objetivo en la eurozona); y el Banco de Japón normaliza lentamente tras años de política ultraacomodaticia, con subidas previstas en 2026. Incluso la gestión de balances diverge: EE. UU. ha cesado el quantitative tightening, el BoE lo reduce, el BCE sigue añadiendo medidas restrictivas y el BoJ aplica un endurecimiento cuantitativo y cualitativo. Esta divergencia, advierte Hooper, crea nuevos patrones de flujos de capital y volatilidad de divisas que definirán el paisaje de inversión.
Sostenibilidad fiscal bajo presión. Los países desarrollados afrontan déficits crecientes, mayores niveles de deuda y costes de servicio elevados. Eso se traduce en disrupción política. En Francia, la necesidad de reducir el déficit se ha convertido en el talón de Aquiles de varios primeros ministros, y el rendimiento del bono a 10 años superó el 3,5% a finales de septiembre. En EE. UU., en 2024 se gastó por primera vez más en servir la deuda que en defensa (la "ley de Ferguson" sostiene que ninguna gran potencia sobrevive si gasta más en su deuda que en su defensa), y en 2025, tras la aprobación de la One Big Beautiful Bill Act, Moody's rebajó la calificación crediticia estadounidense. La tensión fiscal puede alimentar el regreso de los bond vigilantes.
El auge de la "mano visible". Cada vez más, el gobierno estadounidense interviene directamente en la actividad económica, con inversiones específicas en empresas y sectores concretos. Otras economías desarrolladas también recurren a políticas industriales por motivos de crecimiento y seguridad nacional. China, en particular, orienta su política industrial hacia la autosuficiencia en cadenas de suministro y el liderazgo en tecnologías avanzadas. Es una marcha hacia la desglobalización.
¿Destrucción creativa, o solo destrucción? El boom de inversión en IA ha sido potente en 2025, pero podrían emerger riesgos en su despliegue. Hooper advierte de un posible aumento del desempleo estructural por la adopción de IA, mayor concentración económica y un agravamiento de la desigualdad de renta y riqueza, con potenciales consecuencias de inestabilidad política dada la frágil situación fiscal de varios países.
4. El mundo multipolar: China, Europa y Japón toman el relevo
Si EE. UU. es la fuente de fragilidad, el resto del mundo aparece como contrapeso. China ha demostrado resiliencia en 2025 pese a aranceles, problemas inmobiliarios y diversificación de cadenas de suministro, gracias a un estímulo selectivo. Hooper destaca el fondo de capital riesgo de 138.000 millones de dólares anunciado en marzo para impulsar computación cuántica, IA, semiconductores y energías renovables, y subraya el enfoque estratégico de China en tecnologías clave para su seguridad nacional y su fortaleza económica a largo plazo —incluidos robots humanoides asistidos por IA para contrarrestar su "precipicio demográfico".
Patent applications filed by country, 2022 vs 2023 (World Intellectual Property Organization, March 2025) — China lidera con ~1.500.000+ solicitudes, muy por encima de EE. UU.
En la eurozona, el cambio de juego es el acuerdo de los países de la UE para alcanzar un 5% del PIB en gasto en defensa y áreas relacionadas (infraestructuras) para 2035. Alemania —con bajo nivel de deuda sobre PIB y, por tanto, capacidad de endeudarse— ya ha empezado a gastar, lo que debería impulsar su sector manufacturero. La eurozona también podría beneficiarse de una fuga de cerebros desde EE. UU., con iniciativas como el programa Choose Europe for Science de la Comisión Europea (1.250 millones de euros) o los fondos creados por España (45 millones de euros), Países Bajos, Noruega o Bélgica para atraer investigadores. En Japón, la nueva primera ministra Sanae Takaichi inaugura su versión del estímulo —la "Sanaeconomics"—, con un paquete ya aprobado de 135.000 millones de dólares, el mayor desde la pandemia.
5. Las implicaciones de inversión y la lectura BISSAN
En su caso base, Man favorece renta variable desarrollada ex-EE. UU. (especialmente eurozona y Japón, con valoraciones relativamente atractivas), añade renta variable británica (baja valoración, alto dividendo, recompras elevadas) y ve recorrido en la tecnología china por sus menores múltiplos frente a la estadounidense. En estilo, prioriza Calidad —balances sólidos— ante la creciente preocupación por la deuda ligada al gasto en IA. En renta fija, prefiere crédito europeo (investment grade y high yield) y posicionamiento de duración corta ante un posible empinamiento de la curva. En divisas, espera fortaleza del yen y el euro frente al dólar. Y en alternativos, le gustan las estrategias equity market neutral, los multiestrategia y el crédito privado selectivo, además de los metales preciosos con uso industrial (oro, plata, paladio, platino) como activos refugio con sesgo procíclico.
Para BISSAN, varias de estas conclusiones encajan con nuestra prudencia de fondo. La advertencia sobre la dependencia del S&P 500 de un puñado de megacaps tecnológicas y de un único motor (la IA) refuerza nuestra cautela ante la concentración del índice estadounidense. La preferencia por Calidad y por balances sólidos es coherente con nuestra metodología de gestión del riesgo. Y el caso para una diversificación geográfica real —no nominal— gana fuerza precisamente cuando las economías dejan de moverse al unísono: si los ciclos de EE. UU., Europa, Japón y Asia se desacoplan, una cartera repartida entre ellos diversifica de verdad, no solo sobre el papel.
Conviene matizar dos cosas. Primera, esto es la lectura de Hooper, no una verdad de mercado: el propio Man Group recuerda que no tiene house view y que estos son escenarios, no certezas (de hecho plantea también un escenario adverso —error de política y parón del capex en IA— y otro favorable —supercicло de capex y distensión comercial). Segunda, BISSAN no invierte siguiendo predicciones macro a corto plazo ni recomienda cripto ni vehículos especulativos; el valor de este documento es como marco de contexto, no como hoja de ruta táctica. Dicho esto, el mensaje central —que el mundo se fragmenta y que la diversificación vuelve a importar— es uno que compartimos plenamente.
