Cada quincena, el equipo de healthcare de Stifel publica un repaso al estado de la biofarma que vale su peso en oro para quien quiera tomar el pulso a uno de los sectores más cíclicos y emocionales de la bolsa. La entrega del 16 de septiembre de 2025 llega con un tono claramente optimista: tras años de fríos y deshielos, el biotech vuelve a moverse de verdad. Conviene leerla, eso sí, con la lupa puesta en los matices, porque el titular global esconde una historia geográfica muy desigual.
El sector ha vuelto, pero el rebote es global, no estadounidense
El dato que abre el informe es contundente. El valor de empresa agregado del universo biotech cotizado en todo el mundo ha subido un 89% desde el mínimo del 4 de abril de 2025 y acumula un 45% en lo que va de año, hasta cerrar la semana previa al informe por encima de los 329.000 millones de dólares. Es el nivel más alto en más de tres años y medio.

Ahora bien, ese 45% es una media global engañosa. El propio Stifel lo advierte: buena parte del empuje viene de China. El XBI —el ETF de referencia de biotech estadounidense— apenas sube en torno al 4% en el año. La verdadera explosión está al otro lado del mundo.
China se come el podio
Aquí está, a mi juicio, la idea más importante del informe. Medido por la variación de capitalización en el año, el biotech chino sube un 148%, el surcoreano un 77% y el europeo un 23%, mientras que el estadounidense se queda en un raquítico 3,4%.

La consecuencia es un cambio de mapa que habría sido impensable hace pocos años. La mitad de las veinte mayores biotech del mundo por valor de empresa son hoy chinas. Solo diez de las veinte primeras son estadounidenses, frente a las trece que lo eran hace 39 meses. La mayor de todas, Akeso, vale 15.700 millones, muy por encima de la mayor de 2022 (Legend Biotech, 6.500 millones).

Hay que poner el dato en contexto, como hace el propio informe: el biotech estadounidense llegó a caer más de un 30% hace apenas cinco meses, de modo que su 3% anual esconde una recuperación notable desde abril. Pero la foto de fondo es nítida: el centro de gravedad de la innovación biotecnológica cotizada se está desplazando hacia Asia, y eso tiene implicaciones tanto de oportunidad como de riesgo regulatorio y geopolítico.
El motor del optimismo: tipos, M&A y un muro de patentes
¿De dónde sale la confianza del equipo de Stifel? De varias piezas que encajan. La primera, los tipos a la baja: el informe se publica justo en la semana en que se esperaba el primer recorte de la Reserva Federal en nueve meses, con el bono a diez años cediendo hacia el 4,05%. Un entorno de tipos más bajos es oxígeno puro para un sector que vive de financiar promesas a largo plazo.
La segunda pieza son las fusiones y adquisiciones. Septiembre vino cargado: Novartis compró Tourmaline por 1.400 millones de dólares (con una prima del 59%), GTCR adquirió la europea Zentiva por 4.100 millones de euros y CapVest se hizo con una participación mayoritaria en la alemana STADA, valorada en unos 10.000 millones. Extrapolando el ritmo del año, 2025 apunta a ser el año de M&A más fuerte desde 2019.

Lo llamativo, subraya Stifel, es que ese repunte se logra sin un solo gran acuerdo de más de 20.000 millones de dólares en todo el año. Es M&A de digestión fácil, no de grandes apuestas. Y eso enlaza con la tercera pieza, la más estructural: el muro de patentes. Las grandes farmas, de Johnson & Johnson a Pfizer y Eli Lilly, afrontan vencimientos que ponen en riesgo unos 180.000 millones de dólares de ingresos hacia 2030. Necesitan rellenar sus carteras de productos, y tienen con qué hacerlo.

Esa combinación —patentes que caducan, balances repletos y tipos a la baja— es la que lleva a Stifel a hablar de un potencial periodo prolongado de mejora, primero gradual y después acelerado. El paralelismo histórico que dibuja el informe es el de los años ochenta: un presidente impopular, recortes fiscales, una Fed bajando tipos y un mercado que arrancó despacio y acabó yendo en vertical.
La lectura BISSAN
Este informe es un buen recordatorio de por qué el biotech es un sector fascinante de estudiar y, a la vez, un terreno donde la prudencia manda. Tres ideas nos parecen las más aprovechables para una familia inversora.
La primera: cuidado con las medias globales. Un titular de "+45% en el año" suena a fiesta, pero esconde que el mercado estadounidense apenas se ha movido y que casi todo el brillo lo aporta China. Quien compre el índice global creyendo que compra el rebote americano se llevará una sorpresa. El detalle geográfico no es un matiz técnico, es la diferencia entre entender o no entender qué tienes en cartera.
La segunda: el ascenso chino es real y obliga a mirar el riesgo de concentración geopolítica. Que la mitad del top 20 mundial sea chino es una transformación de fondo, no un fogonazo. Para el inversor europeo o estadounidense, eso introduce capas de riesgo —regulatorio, de divisa, de tensión comercial— que un fondo sectorial puede no estar reflejando bien en su narrativa.
Y la tercera: el muro de patentes y la capacidad de compra de las grandes farmas son una fuerza estructural, no una moda. 1,2 billones de dólares de capacidad de compra buscando rellenar carteras es un viento de cola para las pequeñas biotech con buenos datos, pero también una invitación a la especulación sobre "quién será la próxima comprada". Nuestra disciplina de siempre se aplica aquí con especial fuerza: el biotech, por su volatilidad y su dependencia de eventos binarios, encaja como satélite diversificado dentro de una cartera, nunca como apuesta concentrada. La oportunidad existe; la forma de capturarla, sin que un mal dato clínico se lleve por delante el patrimonio, es repartir.
