T. Rowe Price publica su "2026 Global Market Outlook" bajo un título que resume la tesis del año: Minds, machines, and market shifts —mentes, máquinas y desplazamientos de mercado—. El mensaje central de Eric Veiel, Head of Global Investments y CIO, es que la inteligencia artificial ha cruzado un umbral: ha dejado de ser una promesa para convertirse en infraestructura. "Las ideas se están transformando en infraestructura, y el foco del inversor pasa del potencial de la IA a su rentabilidad", escribe. Para una gestora del tamaño de T. Rowe Price, esa frase no es retórica; es la justificación de un giro de cartera que conviene leer con atención porque, como casi todo informe de outlook de una casa que vende producto, mezcla diagnóstico macro sólido con un sesgo natural hacia el optimismo accionarial.
La lectura que hacemos en BISSAN es que el documento acierta en el marco —un mundo a dos velocidades, con la IA tirando del carro mientras el resto de la economía se arrastra— pero conviene desactivar el entusiasmo de fondo y quedarse con los datos. Y los datos, esta vez, son más prudentes de lo que el titular sugiere.
Una economía a dos velocidades y una expansión fiscal que no para
El primer bloque, firmado por los economistas Blerina Uruçi, Tomasz Wieladek y Chris Kushlis, plantea que la economía estadounidense superará el susto de crecimiento de la segunda mitad de 2025 y batirá expectativas en 2026, apoyada en el gasto en IA y en la expansión fiscal. El motor es doble: el capex ligado a la IA, que ya impulsó el crecimiento en 2025, y los incentivos a la inversión de la One Big Beautiful Bill Act (OBBBA), que deberían reforzar ese viento de cola. A ello se suman los efectos retardados de los recortes de tipos del Fed de finales de 2025.
Pero la nota más interesante es la advertencia sobre inflación. Con la deuda pública por encima del 120% del PIB y políticas inflacionistas en marcha —aranceles, restricciones a la inmigración—, T. Rowe Price afirma que el Fed tendrá difícil devolver la inflación a su objetivo del 2%. Y aquí viene la frase que merece subrayarse: las expectativas de recortes para 2026 "parecen sobreestimar" cuánto va a relajar el banco central, "y puede que no sea capaz de bajar tipos el año que viene en absoluto". Es una postura contraintuitiva frente al consenso de mercado, y la compartimos: el mercado lleva años descontando un calendario de recortes que la realidad fiscal hace cada vez menos verosímil.

El gráfico de apertura ilustra esta divergencia fiscal con dos paneles. El de la izquierda muestra el gasto público total de EE.UU. en términos interanuales móviles desde 2014, en una tendencia claramente ascendente. El de la derecha proyecta la deuda sobre PIB de Alemania, que pasa de niveles contenidos a un salto pronunciado en los próximos años: la suspensión del "freno de deuda" alemán abre la puerta a un gasto en defensa e infraestructura que cambia el panorama del bund. La conclusión de la gestora es que esa expansión fiscal alemana presionará al alza los rendimientos europeos y, paradójicamente, empujará al BCE hacia una postura más dovish para compensar el endurecimiento de las condiciones financieras.
Para Europa el diagnóstico es menos halagüeño: el adelantamiento de exportaciones a EE.UU. en 2025, para anticiparse a los aranceles, ha drenado demanda manufacturera, de modo que la eurozona podría quedar por debajo de las estimaciones de consenso. Japón aparece como el caso opuesto —saliendo de la deflación, con el BoJ por detrás de la curva y presión salarial al alza— y los emergentes, especialmente Asia, mantienen inflación y deuda razonablemente bajo control, con los aranceles como gran comodín cuyo efecto tardará años en materializarse.
La IA pasa de "qué es posible" a "qué es rentable"
El bloque temático sobre inteligencia artificial, firmado por Dom Rizzo y Mark Stodden, es el corazón narrativo del informe. Tres años después del lanzamiento de ChatGPT, dicen, la conversación se desplaza de "¿qué es posible?" a "¿qué es rentable?". La inversión sigue a todo gas, pero el rendimiento bursátil y la actividad especulativa en algunos rincones del mercado están alimentando la ansiedad por una posible burbuja. La gestora mantiene una convicción fuerte: la IA será el mayor motor de productividad para la economía global desde la electricidad.
Aquí está el matiz que más nos importa. T. Rowe Price reconoce abiertamente el riesgo de que una burbuja de IA se cruce con una burbuja de crédito. Hasta ahora el capex se ha financiado con los flujos de caja operativos de las empresas más rentables de la historia, pero la magnitud y la aceleración de las necesidades de inversión son tales que incluso los líderes ya no pueden financiarlas solo con caja interna. El mercado de bonos públicos cubrirá parte, pero "podría ser demasiado superficial", lo que abre la puerta —de forma muy notable— al crédito privado. Cuando el capital de deuda empiece a financiar inversiones en IA, aumentará la presión para definir estrategias claras de monetización, porque la deuda hay que devolverla y los prestamistas son por naturaleza más aversos al riesgo que los inversores en bolsa.
El dato cuantitativo que sostiene el optimismo es la estimación de AMD: el mercado direccionable de chips de IA para centros de datos pasaría de unos 200.000 millones de dólares en 2025 a 1 billón en 2030. Es una cifra de proveedor —conviene tomarla como lo que es, la previsión interesada de un fabricante de chips—, pero ilustra la escala del fenómeno. La conclusión de la casa es que el liderazgo se está desplazando hacia la "IA física": la infraestructura esencial de energía, refrigeración, redes y semiconductores que alimenta la próxima ola.
La bolsa se ensancha más allá de las mega-caps
En renta variable, Josh Nelson y David Eiswert defienden que el liderazgo del mercado se está ampliando. En 2026 anticipan una participación más amplia y un abanico de oportunidades mayor, tanto dentro de los sectores ligados a la IA como en industrias y regiones diversas. El catalizador fiscal vuelve a aparecer: la OBBBA, promulgada en julio, añadiría aproximadamente 200.000-300.000 millones de USD de estímulo planificado para 2026, con énfasis en infraestructura física, redes energéticas, carreteras, puentes, centros de datos y capacidad industrial. Eso debería impulsar la amplitud en industriales, materiales y energía.

El gráfico desglosa ese impulso fiscal neto componente a componente: barras positivas para las partidas que aportan estímulo y negativas para las que lo restan, de modo que el saldo agregado del ejercicio fiscal 2026 resulta claramente expansivo. El detalle importa porque no todo el gasto es nuevo —parte es prórroga de recortes fiscales previos (TCJA) y compensaciones (SALT, IRA)— pero la lectura neta confirma el viento de cola que la casa atribuye a la economía estadounidense. La fuente es Wolfe Research con datos a 2 de septiembre de 2025, un recordatorio de que son estimaciones sujetas a cambio.
Fuera de EE.UU., la gestora destaca Japón por valoraciones atractivas y mejora del gobierno corporativo, Europa entrando en una nueva fase de expansión gracias a la flexibilidad fiscal alemana, y China como oportunidad táctica selectiva. El mensaje transversal es el de las "buenas charcas" del mercado —donde el crecimiento y el poder de fijación de precios siguen fuertes— que ya no se limitan a la tecnología estadounidense.
Crédito, mercados privados y el sesgo a dos velocidades en la cartera
En renta fija, Paul Massaro y Ken Orchard insisten en que, con los diferenciales de crédito cerca de mínimos históricos, la selección será esencial: el valor estará más difícil de encontrar en deuda pública de alta calidad, donde las olas de expansión fiscal empujan oferta y rendimientos al alza. Favorecen los préstamos bancarios sobre los bonos high yield por su mayor renta corriente y ven oportunidades en bonos ligados a la inflación en EE.UU., Europa y Japón. La idea de fondo se repite: política fiscal expansiva igual a más oferta de bonos largos igual a rendimientos largos más altos, sobre todo en treasuries.
En mercados privados, David DiPietro y Adam Kertzner anticipan reactivación del dealmaking: la estabilización de tipos y la menor volatilidad están reabriendo el mercado de salidas (IPOs y M&A) tras la sequía de 2022-2024, mientras la demanda de capital para proyectos de IA crea oportunidades de originación en crédito privado.
Cierra el informe el estratega Tim Murray, que pone número al desequilibrio de fondo de toda esta historia: la economía funciona a dos velocidades, con las áreas ligadas a la IA literalmente en auge mientras otros segmentos —la vivienda y el consumo en particular— se quedan rezagados. Es el argumento que mejor sintetiza por qué, pese al optimismo, la asignación de la casa termina siendo cauta.

El gráfico recoge, desde enero de 2010 hasta abril de 2025, tres series del crecimiento real del PIB estadounidense por categorías: la inversión en equipos de procesamiento de información (la "infraestructura de IA"), la inversión en estructuras residenciales y el consumo personal. La primera se dispara hasta superar el 33%, mientras la residencial cae a terreno negativo (en torno a -4,5%) y el consumo apenas avanza (~1,6%). Es la imagen más nítida de la economía a dos velocidades: un único motor tirando con fuerza desproporcionada mientras los pilares tradicionales de la demanda se estancan. De ahí que Murray, ante valoraciones extendidas casi en todas partes, prefiera la bolsa a los bonos pero se incline por renta variable internacional y small caps, y por bonos en divisa local frente al dólar.
La lectura de Maya
El valor de este outlook no está en su tesis general —que la IA manda y la economía va a dos velocidades es ya consenso— sino en tres matices que la mayoría de casas suaviza y que T. Rowe Price pone sobre la mesa con honestidad. Primero, la advertencia sobre los recortes del Fed: afirmar que en 2026 "puede que no haya ninguno" va contra el posicionamiento de mercado y nos parece la apuesta más interesante del documento, coherente con una deuda pública por encima del 120% del PIB y aranceles inflacionistas. Segundo, el reconocimiento explícito del riesgo de que una burbuja de IA se cruce con una de crédito: que una gestora alcista en IA lo verbalice y vincule el capex a la dependencia creciente del crédito privado es una señal de prudencia que aplaudimos.
Tercero, y para nosotros lo decisivo: el propio posicionamiento de cartera de la casa contradice el tono entusiasta del titular. A 31 de octubre de 2025, T. Rowe Price está neutral en bolsa, infraponderada en bonos y sobreponderada en liquidez. Es decir, después de veinte páginas defendiendo el ensanchamiento del mercado y el poder transformador de la IA, su asignación táctica es defensiva, con caja como reserva para aprovechar dislocaciones. Esa disonancia entre narrativa y posicionamiento es justamente lo que conviene mirar: las valoraciones extendidas casi en todas partes pesan más en la cartera real que en la prosa.
Para una cartera bien construida, las implicaciones encajan con lo que venimos defendiendo: no perseguir las mega-caps tecnológicas a cualquier precio, mantener exposición a la ampliación del mercado (internacional, small caps, value europeo) sin sobrepagar, vigilar la duración larga ante el riesgo de rendimientos al alza por la expansión fiscal, y tratar la liquidez no como un residuo sino como una posición activa que da opcionalidad. La era de la especulación deja paso a los resultados, pero los viejos retos —valoración, inflación y geopolítica— siguen, como reconoce la propia gestora, plenamente en juego.
