Pocos activos han protagonizado un año tan llamativo como el oro en 2025. El Gold Outlook 2026 del World Gold Council —la organización sectorial que agrupa a la industria del oro y que publica investigación de referencia a través de su plataforma Goldhub— arranca con una cifra difícil de ignorar: el metal se revalorizó más de un 60% y firmó más de 50 máximos históricos a lo largo del año, según el LBMA Gold Price PM a 28 de noviembre de 2025. El subtítulo del informe resume el dilema que plantea a los inversores de cara al año que viene: push ahead or pull back —seguir empujando o dar marcha atrás—.

El documento no es una recomendación de inversión ni fija un precio objetivo. Es un ejercicio de planificación por escenarios construido sobre el marco de valoración propio del Council, y precisamente por eso resulta útil para una EAF como BISSAN, cuyo trabajo no es adivinar el precio del oro sino entender qué papel juega como diversificador y fuente de estabilidad dentro de una cartera. El oro, conviene recordarlo, es para BISSAN un activo válido —no es ni se parece a las criptomonedas—, y este informe ayuda a calibrar cuándo y por qué aporta.

Un año histórico, con motores inusualmente equilibrados

La magnitud del rally de 2025 es lo primero que el informe pone sobre la mesa. Una subida superior al 60% sitúa a 2025 camino de ser el cuarto mejor año del oro desde 1971 —fecha que el Council toma como referencia porque marca el fin del patrón oro y la vuelta del metal a la condición de activo libremente negociado—. No es un movimiento marginal: es uno de los grandes años de la historia reciente del metal.

Gráfico 1 (World Gold Council): el oro se sitúa en el podio de las grandes clases de activo en 2025, con una rentabilidad superior al 60% en dólares

Lo más interesante no es la cifra, sino su descomposición. El World Gold Council utiliza un modelo de atribución de rentabilidad (GRAM, Gold Return Attribution Model) que reparte el comportamiento del oro entre cuatro grandes categorías: expansión económica, riesgo e incertidumbre, coste de oportunidad y momentum. El diagnóstico de 2025 es que el entorno de alto riesgo explica unos 12 puntos porcentuales de la rentabilidad —impulsado sobre todo por el riesgo geopolítico—, mientras que el menor coste de oportunidad —dólar más débil y tipos algo más bajos— aporta otros 10 puntos. El momentum y el posicionamiento de los inversores suman nueve puntos, y la expansión económica diez.

El matiz que el informe subraya es la inusual igualdad entre los cuatro motores. En años anteriores, el oro solía moverse a golpe de un único catalizador; en 2025 el avance ha estado repartido entre fuerzas diversas, lo que en sí mismo es una señal de salud del movimiento: un rally sostenido por varias patas es menos frágil que uno apoyado en una sola. La excepción es el momentum, que ha pesado más de lo habitual —algo lógico cuando una subida tan fuerte despierta el interés generalizado de los inversores y se retroalimenta—.

Detrás de todo ello hay dos grandes compradores: los inversores, que aumentaron su asignación al oro en todas las regiones de Occidente a Oriente, y los bancos centrales, que mantuvieron un ritmo de compras muy por encima de la media histórica, aunque por debajo de los récords de los tres años previos.

Cuatro escenarios para 2026 (y ningún precio objetivo)

Aquí está el corazón del informe y la razón por la que merece la pena leerlo con calma. En lugar de aventurar una previsión de precio, el World Gold Council plantea que el precio actual del oro ya refleja en buena medida el consenso macroeconómico —crecimiento estable en torno al 2,7%-2,8% global, unos 75 puntos básicos adicionales de recortes de la Fed, dólar ligeramente al alza y rentabilidades de los bonos planas—. Bajo ese consenso, su marco de valoración arroja un comportamiento lateral, en un rango de entre -5% y +5%.

Pero, como recuerda el propio documento, la macroeconomía rara vez sigue el guion del consenso. De ahí los cuatro escenarios que estructuran todo el análisis:

Gráfico 2 (World Gold Council): rendimiento implícito del oro en 2026 según escenarios macroeconómicos hipotéticos, desde la corrección del 'reflation return' hasta la subida del 'doom loop'

Consenso macro (rango lateral). Si se cumple el escenario central —crecimiento en línea con la tendencia, inflación contenida y recortes graduales de tipos—, el oro se movería en un rango sin grandes sobresaltos, reflejando que el precio ya descuenta esas condiciones.

A shallow slip (desaceleración suave): moderadamente alcista, +5% a +15%. Los datos económicos de EE. UU. han sido mixtos y crece la preocupación por una pérdida de impulso. Si el apetito por el riesgo cae —agravado, por ejemplo, por un reajuste de las expectativas sobre la IA, dado el peso de esos valores en los índices—, el mercado laboral se enfriaría, la Fed recortaría más de lo previsto y la combinación de tipos más bajos, dólar más débil y aversión al riesgo daría soporte al oro. El Council estima en ese caso una subida del 5% al 15%: un buen año en términos normales, aunque modesto tras el espectacular 2025.

The doom loop (bucle recesivo): alcista, +15% a +30%. Es el escenario más extremo al alza. Una desaceleración global más profunda y sincronizada, alimentada por el riesgo geopolítico y geoeconómico, podría desatar un círculo vicioso: las empresas recortan inversión, los hogares el gasto, el crecimiento se debilita, la inflación cae por debajo del objetivo y la Fed recorta de forma agresiva. La caída de rentabilidades, el estrés geopolítico elevado y una huida hacia la seguridad generarían vientos de cola excepcionalmente fuertes para el oro, con la demanda de inversión vía ETFs como motor clave. El informe recuerda que los ETFs de oro acumulan 77.000 millones de dólares de entradas en lo que va de año —más de 700 toneladas—, y que incluso así las posiciones están por debajo de ciclos alcistas anteriores, lo que deja margen de crecimiento.

Reflation return (vuelta de la reflación): bajista, -5% a -20%. El reverso de la moneda. Si las políticas de la administración Trump tienen éxito y generan un crecimiento más fuerte de lo esperado, la reflación obligaría a la Fed a mantener o incluso subir tipos. Rentabilidades al alza y dólar más fuerte encarecen el coste de oportunidad de tener oro y atraen capital de vuelta hacia los activos estadounidenses. En un entorno risk-on, con coberturas deshechas y demanda minorista debilitándose, el oro sufriría una corrección de entre el 5% y el 20%. Es, según el Council, el escenario más bajista del informe.

El mensaje implícito es claro: el balance de riesgos se inclina al alza. De los cuatro escenarios, tres apoyan o son neutrales para el oro y solo uno —que requiere un éxito notable de las políticas reflacionistas— lo penaliza. El propio informe concluye que «las fuerzas de un crecimiento más débil, una política acomodaticia y riesgos geopolíticos persistentes son más propensas a apoyar al oro que a socavarlo».

Los comodines: bancos centrales y reciclaje

Más allá de los escenarios construidos sobre el modelo, el World Gold Council señala dos factores que quedan fuera de su modelización cuantitativa pero que pueden mover el mercado de forma material: la demanda de los bancos centrales y el reciclaje.

Gráfico 3 (World Gold Council): demanda anual de oro de los bancos centrales, con la estimación de 750-900 toneladas para 2025 y un rango amplio para 2026

En el lado de los bancos centrales, el sector oficial ha seguido comprando con fuerza, con una estimación de 750-900 toneladas para el conjunto de 2025. El argumento estructural sigue intacto: las reservas de oro de los países emergentes —que son la principal fuente de demanda— permanecen muy por debajo de las de las economías avanzadas, de modo que un repunte de las tensiones geopolíticas podría acelerar sus compras y reforzar el soporte de fondo del oro. El matiz de prudencia es que estas decisiones responden a la política más que al mercado: un recorte de compras hacia niveles previos a la pandemia, o por debajo, sería un viento en contra.

El reciclaje es el segundo comodín, y este año ha sorprendido por su contención. Pese a precios elevados, la oferta de oro reciclado ha sido moderada, fenómeno que el informe vincula a un fenómeno creciente: el uso del oro como colateral de préstamos en lugar de venderlo. En India, los consumidores han pignorado más de 200 toneladas de joyería de oro a través del sector formal solo este año, con evidencia anecdótica de un volumen casi equivalente en el sector informal. Mientras el oro se use como garantía, el reciclaje seguirá contenido y dará soporte; pero una desaceleración severa de la economía india podría provocar liquidaciones forzosas de ese colateral, aumentar la oferta secundaria y presionar los precios a la baja.

La lectura de Maya

Lo más valioso de este informe no es su pronóstico —no lo da— sino su método. El World Gold Council renuncia deliberadamente a la tentación del precio objetivo y la sustituye por un abanico de escenarios con rangos de comportamiento asociados. Es exactamente la forma honesta de hablar de un activo cuyo precio depende de variables —geopolítica, política monetaria, reflación, decisiones de bancos centrales— que nadie puede anticipar con fiabilidad. Conviene además recordar que la fuente es la propia industria del oro: el sesgo institucional existe, y el lector debe ponderarlo. Aun así, el rigor del marco y la simetría con que presenta el escenario bajista lo hacen creíble.

Para una EAF, hay tres lecturas prácticas. Primera: el oro vuelve a demostrar que su función en cartera no es batir a la renta variable, sino descorrelacionar y proteger. En 2025 ha hecho ambas cosas con creces, pero la justificación estructural de mantenerlo no es el rally pasado, sino la diversidad de escenarios futuros —que es precisamente lo que el informe ilustra—. Segunda: el balance de riesgos asimétrico que dibuja el Council —tres escenarios favorables o neutros frente a uno adverso— refuerza el argumento de mantener una exposición estratégica al metal, no táctica ni movida por el momentum reciente. Quien compra oro persiguiendo el +60% del año pasado se expone justamente al escenario reflation return.

Tercera y más importante: el propio informe insiste en que, tras un año tan extraordinario, incluso el escenario alcista «moderado» del 5%-15% sería un retorno notable pero discreto en comparación. El inversor prudente debe anclar expectativas. El valor del oro en una cartera bien construida no está en repetir 2025, sino en estar ahí el día que llegue el shock que nadie vio venir. Como cierra el Council, en un mundo donde los sobresaltos y las sorpresas son cada vez más la norma, la capacidad del oro de aportar diversificación y protección a la baja sigue siendo tan relevante como siempre. Esa, y no la cifra de rentabilidad, es la razón por la que tiene sitio en una cartera.