Hay un género de texto que escapa a las categorías del análisis financiero y que, sin embargo, conviene leer con atención: la lista anual de previsiones de un inversor y constructor de producto, publicada como hilo en la red social X. Scott Belsky —socio de A24, fundador de Behance (la red de portfolios creativos que vendió a Adobe), consejero de Atlassian y del MoMA, autor e inversor seed— publicó el 29 de diciembre de 2025 sus «12 Outlooks for the Future/2026+»: doce apuestas sobre dónde se moverá el valor en el año que viene. No es un documento de inversión ni maneja cifras de mercado, y no contiene recomendación de cartera alguna. Pero ofrece algo que escasea en los informes de las casas que sí venden producto: la mirada de alguien que invierte y construye tecnología por dentro, con la franqueza de quien firma un pronóstico personal y asume el riesgo de equivocarse.

Captura de la red social X que muestra el artículo de Scott Belsky titulado «12 Outlooks for the Future/2026+». A la izquierda, el menú de navegación de X (Inicio, Explorar, Notificaciones, Chat, Grok, Guardados…). En el centro, la cabecera del artículo con el autor verificado scott belsky (@scottbelsky) y el título en negrita, seguido de la pregunta de apertura «What should we expect to see in the coming year-ish? On my mind:» y el inicio del primer punto, «Massive amounts of talent arbitrage». Bajo el título aparecen las métricas de interacción: 51 comentarios, 218 reposts, 1 mil 'me gusta' y 847 mil visualizaciones. A la derecha, el panel «Personas relevantes» con la biografía de Belsky. Figura 1. Cabecera del artículo de Belsky en X, con título, autor verificado y métricas de difusión. — Fuente: X (@scottbelsky), 29 de diciembre de 2025.

Lo que sigue no es una lista de productos ni de cotizaciones, sino de ideas. Y esa es su virtud y su límite: ofrece el mapa de hacia dónde Belsky cree que se mueve la tecnología y el consumo, pero deja en el aire la pregunta que más interesa a quien invierte —cuánto de todo esto se traducirá en beneficios y para quién—. Lo agrupamos en cuatro grandes bloques.

El talento y la artesanía como nueva ventaja

La primera apuesta de Belsky es la que más interpela al mundo del trabajo: un «arbitraje de talento masivo». Frente al miedo y la conversación sobre la pérdida de empleos por la IA, sostiene que el talento nativo en IA —a menudo joven y sin miedo— que se relaciona de forma agresiva con la tecnología nueva tiene una ventaja fascinante en la fuerza laboral actual. Quien conoce «la mejor manera» de hacer las cosas correrá círculos alrededor de sus colegas y jefes. Pone dos ejemplos concretos: las empresas quieren contratar expertos en optimización para motores de respuesta (answer engine optimization, AEO) por delante de los practicantes del viejo SEO, y la mayoría de los responsables de marketing siguen organizando focus groups a la antigua en lugar de aprovechar los avances de la IA en investigación de mercado. 2026, concluye, brinda una ventana preciosa para que el talento joven —o el ignorado— gane ventaja como adoptante temprano.

La segunda y la tercera apuestas forman un díptico sobre Hollywood, la publicidad y la idea de oficio. Belsky cree que las preocupaciones ruidosas sobre la IA en la industria del entretenimiento se verán aterrizadas por lo que el público cada vez ansía más: oficio, significado y experiencias compartidas. Distingue con nitidez entre «creadores de contenido» —dispuestos a cambiar control por velocidad, que usan IA para anuncios y redes— y «artistas» —que no están dispuestos a ese intercambio y solo favorecen la tecnología emergente que preserva control y precisión—. Las herramientas que eleven el oficio tendrán tracción duradera en Hollywood; las de slop basadas en prompts se quedarán en usos sociales y de creadores de contenido. Y descarta la moda de las películas personalizadas con cameos del espectador: la gente, dice, prefiere las experiencias compartidas, quiere inspirarse en el oficio y tener una vivencia común que comentar —o incluso compartir, en las salas— con amigos.

De ahí brota su concepto más citado, el de la tercera previsión: el contenido de «prueba de artesanía» (proof of craft) entrará en la corriente principal de la publicidad y el entretenimiento. A medida que el contenido generado por IA llene nuestros feeds, desarrollaremos una «membrana de duda»: «eso es falso» se convertirá en la reacción por defecto y nos volveremos cada vez más insensibles al contenido que solo busca captar la atención. Solo cuando veamos el ingenio y el oficio detrás de la elaboración de una pieza quedaremos cautivados por ella. Belsky cita las recientes campañas de Apple —su nuevo logotipo de TV y los anuncios acompañados de contenido «detrás de las cámaras» que sirve de «prueba» de la humanidad y el ingenio del trabajo—. La tecnología, matiza, también puede usarse de formas creativas y precisas, pero el listón del oficio ha subido y el proceso pasará a formar parte del producto final.

Longevidad, hardware y el fin del dato como foso

La cuarta apuesta es la de mayor calado sectorial para un inversor. Belsky anticipa que múltiples industrias, del seguro a la salud, se verán impactadas por las implicaciones de una vida y una salud materialmente más largas (lifespan, healthspan y lo que él llama joyspan). A medida que proliferen los wearables de salud, los análisis de sangre rutinarios, los escáneres corporales preventivos cada vez más accesibles y los entrenadores de salud con IA, los humanos tendrán mucha más información e influencia sobre su propia salud. Como ejemplo de los efectos de segundo orden, menciona que las aseguradoras de vida estadounidenses con exposición a rentas vitalicias de-riskeada —las más afectadas por la mortalidad, como Globe Life, entre otras— están bien posicionadas para beneficiarse de una población asegurada que vive más años. También prevé crecimiento entre las empresas de «fontanería» que gestionan los análisis de sangre (cita Quest Diagnostics), la detección de biomarcadores y los escáneres preventivos para las grandes apps de consumo y los dispositivos tipo Whoop.

Aquí conviene una nota de cautela de criterio, fiel a la regla de Maya Corp: Belsky nombra compañías cotizadas como ilustración de una tendencia, no como recomendación. Citarlas en su hilo no es asesoramiento de inversión, y nosotros las recogemos solo como reflejo fiel de su argumento; cualquier decisión sobre esos nombres exigiría un análisis fundamental propio que aquí no se hace.

La quinta y la octava apuestas giran en torno al hardware. Belsky sostiene que el hardware se convertirá en un foso defensivo más popular, en medio de una oleada de startups de hardware: en un mundo donde cualquiera puede fabricar su propio software, destacarán los productos que acoplen estrechamente hardware y software. Cita compañías como Whoop u Oura (IA acoplada a un wearable), tableros de juego físicos multijugador, o soluciones de red empresarial verticalmente integradas que combinan hardware de grado industrial con herramientas de IA. Y prevé que nuevas empresas de «picos y palas» (picks and shovels) agilizarán los obstáculos tradicionales —diseño y fabricación de chips, prototipado, cadena de suministro—, abriendo paso a más startups de hardware viables que nunca. En la octava previsión añade que el poder en la IA de consumo se desplazará hacia los proveedores de hardware y sistema operativo fuertemente acoplados, a medida que los modelos de código abierto descargables y el hardware de consumo (móviles de Apple y Android, lo que prepare OpenAI, nuestros ordenadores) sean capaces de ejecutar LLM potentes en local.

La sexta apuesta es contraintuitiva y relevante para valorar tesis de inversión en datos: el dato ordinario se vuelve un foso menos valioso. Hoy parece que toda empresa intenta sincronizar los datos de todo el mundo, y hacerlo es más fácil que nunca; pronto, vía conectores o plugins de visión por ordenador, todos tus productos tendrán todos tus datos. A medida que esos «conectores» se vuelvan ubicuos, lo que ganará importancia serán (1) los grafos propietarios —quién conoce a quién, quién trabaja con quién, quién tiene acceso a ver qué—, (2) la portabilidad de la personalización para el consumidor y (3) las fuentes de datos en tiempo real (X, el clima, las mareas), cada vez más capturadas por robots. Los nuevos fosos de datos propietarios, resume, son los grafos, la memoria portátil y el dato en tiempo real.

Escucha ambiental, gestión del cambio y desperdicio

La séptima previsión apunta a un cambio de hábito: la escucha ambiental y la sumarización se generalizarán. Aunque muchos equipos ya usan servicios como Granola o Zoom para grabar y anotar reuniones, llevar encima un dispositivo «siempre escuchando» todavía resulta marginal y socialmente desviado. Eso cambiará, dice Belsky, cuando los modelos locales puedan procesar y resumir nuestra vida diaria —descartando rápidamente las grabaciones reales—, dándonos un tesoro de autoconocimiento, recuerdo instantáneo y guía inteligente. Las implicaciones son numerosas, también las espinosas: cazar nuestros propios sesgos, compartir o no nuestra memoria con otros, y quién puede seguir consultándola sin nuestro permiso.

La novena apuesta es quizá la más sutil para cualquier organización: la falta de gestión del cambio se convierte en la ventaja definitiva. Cuando el juego cambia —por un cambio de plataforma o por lo que sea—, la sabiduría está sorprendentemente bien repartida: los líderes lo saben, los periodistas lo pregonan, los consultores capitalizan el momento. Pero cambiar las marchas de la ejecución lleva años. La gestión del cambio, insiste Belsky, es «recableado humano, no técnico»: el cambio en una empresa nunca ocurre de forma natural, porque el cerebro reptiliano ancestral que todos llevamos dentro rechaza el cambio por defecto. Los equipos sin la carga de la gestión del cambio —porque son nuevos o porque han sido transformados a la fuerza— ganan la mayor ventaja en los cambios generacionales de plataforma. Para una empresa grande y consolidada, la única forma de trascender ese destino es la voluntad y la fuerza de hackear la organización de arriba abajo: una narrativa dolorosamente clara, sistemas de recompensa modificados y ejecución implacable.

La décima previsión enlaza tecnología y márgenes: el «fin del desperdicio» será un nuevo beneficio de la IA. En restaurantes, tiendas y fábricas, el desajuste entre oferta y demanda siempre ha generado desperdicio —comida en mal estado, inventario excedente, materiales sobrantes—. A medida que nuevas herramientas nativas de IA tomen el control de la planificación de cada industria, las predicciones se volverán extremadamente precisas, la sobreoferta será rara y veremos un impacto profundamente positivo tanto en los márgenes como en el medio ambiente.

Hospitalidad humana y el desplome del SaaS

Las dos últimas apuestas cierran el círculo de lo humano frente a lo automatizado. En la undécima, Belsky prevé que la hospitalidad se convierta en un factor diferenciador del comercio, con más humanos «de cara al público» (front of house). Pasamos de un mundo de experiencias digitales generalizadas a otro donde cada experiencia se personaliza; pero, como parte de ese esfuerzo, veremos a humanos —a menudo asistidos por la tecnología— desplegados de formas creativas para hacernos sentir más bienvenidos y especiales. Tiendas y webs podrían parecerse más a hoteles y restaurantes, donde se conocen nuestras preferencias; nuestros agentes manejarían el pago y la logística para que la interacción humana se centre en el oficio y el trato. A medida que la tecnología sustituya los roles humanos entre bastidores, habrá más humanos «de cara al público».

La duodécima y última apuesta es la que más directamente afecta al negocio del software: el auge de los «equipos de desarrollo interno». Las empresas reemplazarán productos SaaS monofunción e hinchados por sus propias apps, que colapsan funciones de formas mágicas. Nuevos equipos de desarrollo de aplicaciones internas surgirán en las grandes compañías y harán vibe coding de software y soluciones impulsadas por agentes a medida. Al principio sustituirán productos SaaS —en especial los caros y aparatosos en manos del capital riesgo—; con el tiempo, estas herramientas caseras empezarán a colapsar funciones unas en otras. ¿Por qué han de ser tan distintas las herramientas legales y las financieras? En una era en que el marketing social, las ventas y el soporte al cliente se difuminan, ¿no deberían las nuevas soluciones fundir esas funciones en una sola? Las empresas que construyan sus propias soluciones, concluye, estarán optimizadas para un nivel más alto de trabajo transversal.

Belsky cierra con un deseo más que con una previsión, y ahí está su mejor síntesis: «juega con la tecnología nueva para descubrir sus aplicaciones (recuerda, la novedad precede a la utilidad)»; ten curiosidad y asume riesgos creativos defendibles; comparte ideas con generosidad. Y, sobre todo, redobla la apuesta por lo que nos hace humanos —las historias que tenemos que contar, el cuidado del oficio, la empatía, el gusto y el ingenio— sin dejar de hacerse las preguntas difíciles: ser creativo sobre lo que puede salir bien y también sobre lo que puede salir mal.

Qué nos llevamos para invertir

Un hilo de previsiones no es una tesis de inversión, y Belsky no traza ninguna: no hay cifras de mercado, ni valoraciones, ni recomendación de cartera. Pero su mapa tiene una utilidad clara para quien gestiona patrimonio. Primero, recuerda que la disrupción de la IA no se reparte por igual: la ventaja la captura quien la adopta antes, no quien más invierte en la moda. Segundo, su distinción entre oficio y slop, entre fosos reales (hardware acoplado, grafos propietarios, gestión del cambio) y fosos que se evaporan (el dato ordinario, el SaaS genérico), es una buena rejilla para mirar con escepticismo las narrativas que el mercado paga a precio de oro. Y tercero, su consejo de fondo —«la novedad precede a la utilidad»— es también una advertencia: no todo lo nuevo se traduce en beneficios, y entre la promesa tecnológica y el flujo de caja media, casi siempre, mucho más tiempo del que descuenta una cotización. Leer a quien construye por dentro, sin un fondo que colocar, ayuda precisamente a calibrar esa distancia.