Cada otoño, HSBC Private Bank and Premier Wealth publica su guía anual de inversión, y la edición que cierra 2025 llega con un título que es a la vez declaración de intenciones y advertencia: Think Future 2026. El documento, firmado por el director global de inversiones del banco, Willem Sels, parte de una premisa que no por repetida resulta menos relevante: tras un año de sorpresas —desde el ruido arancelario hasta el cierre administrativo más largo de la historia de Estados Unidos—, conviene filtrar el ruido y volver a los fundamentales que explican la rentabilidad. Y el fundamental que, según HSBC, ordena el cuadro de 2026 tiene nombre propio: la inteligencia artificial. El banco sostiene que la transformación que la IA está provocando en la productividad sostiene un mercado alcista que todavía tiene recorrido, aunque admite que los baches de corto plazo deben darse por descontados.

Un mercado alcista que se apoya en la productividad de la IA

El argumento central de la guía es que los motores que han empujado las bolsas siguen vigentes. La adopción de la IA no solo no va a revertirse —HSBC lo considera "muy improbable"—, sino que las oportunidades se ensanchan más allá de los ganadores iniciales. Industriales y utilities se benefician de la creciente demanda de infraestructura digital y electricidad, mientras las iniciativas estructurales de relocalización y reindustrialización refuerzan la autonomía en cadenas de suministro estratégicas, especialmente en tecnología y defensa. El banco cita a la OCDE: la IA podría sumar entre un 1% y un 2,5% a la productividad laboral en la próxima década.

Lo interesante del diagnóstico es que HSBC se distancia de forma explícita de la tesis de la burbuja. A diferencia de otras regiones, la mayor parte de los retornos de la bolsa estadounidense ha venido del crecimiento de beneficios, no de la expansión de múltiplos. Las valoraciones han subido, sí, pero siguen muy por debajo de los niveles de la burbuja puntocom, y las previsiones de beneficios para el primer trimestre de 2026 parecen todavía algo conservadoras, lo que deja margen para sorpresas positivas. Por eso el banco no teme una burbuja de la IA, aunque sí anticipa correcciones puntuales. Es un matiz importante para el asesor: no se trata de comprar el relato sin reservas, sino de reconocer que el motor de beneficios es real y que la corrección, cuando llegue, será oportunidad y no quiebre de tendencia.

El giro geográfico: menos Estados Unidos, más Asia

Si hay una decisión táctica que recorre todo el documento es el reequilibrio geográfico. HSBC mantiene sobreponderación en renta variable global, con Estados Unidos todavía en sobrepeso, pero reconoce haber recortado ligeramente su exposición americana para gestionar el riesgo de concentración y elevar la diversificación. La contrapartida es Asia, donde el banco ve un doble viento de cola: un ecosistema de IA diverso, de rápido crecimiento y a valoraciones atractivas, junto a una demanda doméstica resiliente sostenida por la política económica. En capacidad de centros de datos, Asia debería superar al resto del mundo entre 2025 y 2030.

Esa lectura se traduce en movimientos concretos. HSBC ha elevado a sobreponderar las bolsas de Hong Kong, Japón y Corea del Sur, que se suman a Estados Unidos, China continental y Singapur. China se apoya en su campaña contra la "involución" y en el trasvase de depósitos a renta variable; Corea del Sur ofrece beneficios impulsados por la tecnología y mejoras de gobierno corporativo a través de su Corporate Value-Up Programme; Japón se beneficia de la agenda reflacionaria de su nuevo primer ministro y de la estabilización del yen. Fuera de Asia, el banco favorece las oportunidades estructurales y cíclicas de los Emiratos Árabes Unidos y Sudáfrica dentro del bloque emergente EMEA. En Europa, en cambio, la lectura es más prudente: el BCE ha terminado sus recortes, el crecimiento es moderado y los beneficios afrontan el viento en contra de un euro relativamente fuerte; HSBC prefiere la periferia —España e Italia— frente a un núcleo decepcionante (Alemania por la lentitud inversora, Francia por la incertidumbre política).

El oro, protagonista del año

Pocos activos resumen mejor el espíritu de 2026 que el oro, al que HSBC dedica uno de sus dos artículos de fondo. El metal encadena uno de sus mejores ejercicios de la historia, con una revalorización en el año de aproximadamente el 54%, lo que lo sitúa como el mejor año desde 1979. El gráfico que abre el capítulo es elocuente: la rentabilidad anual del oro en 2025 solo es superada por el extraordinario +126,6% de 1979.

Gráfico 1 (HSBC): dos vistas del oro en la página de la guía. Arriba ("2025 is so far the best year for gold after 1979"), rentabilidad anual del oro desde 1975 hasta 2025 (escala -50% a 150%): la barra de 1979 destaca como máximo histórico con +126,6% y la de 2025 sobresale como segunda mejor con +54%, muy por encima del resto de la serie. Abajo ("After a period of consolidation, gold appears to be rebounding"), el precio del oro en USD/onza durante 2025 (escala 2.500-4.500), que asciende desde unos 2.600 en enero hasta superar los 4.300 en otoño antes de consolidar en torno a 4.100. Fuente: Bloomberg, HSBC Private Bank and Premier Wealth, datos a 10 de noviembre de 2025.

El relato detrás del número combina coyuntura y estructura. En octubre el oro alcanzó un máximo histórico próximo a los 4.380 dólares por onza, antes de corregir hasta los 3.885 en apenas dos semanas por la toma de beneficios del inversor minorista; tras consolidar en torno a los 4.000, ha retomado la senda alcista impulsado por la expectativa de un nuevo recorte de tipos de la Reserva Federal. Pero HSBC insiste en que lo verdaderamente determinante es estructural: la demanda de los bancos centrales. Desde 2022, la proporción de oro en las reservas globales ha crecido de forma significativa —del 13% al 22% en el segundo trimestre de 2025—, mientras la cuota del dólar en esas mismas reservas retrocedía. Para el banco, este desplazamiento es el factor que establece un suelo de precio: instituciones con estrategias de largo plazo difícilmente venderán, lo que reduce el riesgo de caídas bruscas.

Gráfico 2 (HSBC): "The share of gold in global reserves increased sharply while USD's share decreased". Evolución desde 2010 hasta 2025 de la cuota del oro en las reservas globales (eje izquierdo, 5% a 23%, línea ascendente) frente a la cuota del dólar estadounidense (eje derecho, 54% a 68%, línea descendente). Las dos series se mueven en direcciones opuestas: el oro gana peso de forma sostenida mientras el dólar lo pierde, especialmente desde 2022. Fuente: Bloomberg, HSBC Private Bank and Premier Wealth, datos a 10 de noviembre de 2025.

La conclusión operativa que extrae HSBC es que el oro deja de ser una posición táctica de cobertura para convertirse en un diversificador estructural de cartera. El banco reconoce riesgos —una Fed inesperadamente restrictiva o una mejora del entorno global— y observa que, en máximos históricos, la correlación del oro con la renta variable se ha vuelto positiva, lo que mantiene la senda alcista pero a un ritmo más pausado.

Diversificar los diversificadores: la entrada de los alternativos

El segundo gran hilo de la guía es, quizá, el más relevante para el debate de construcción de carteras. HSBC parte de una constatación incómoda: como los mercados se obsesionan con la política de la Fed, los activos se han vuelto más correlacionados en los últimos meses. La diversificación tradicional —el clásico 60/40— ha perdido eficacia desde la pandemia, cuando bolsas y bonos cayeron al unísono, y en 2025 los supuestos refugios (dólar y treasuries) han defraudado. La respuesta del banco es contundente: hace falta una capa adicional de diversificación, lo que denomina "diversificar los diversificadores", y esa capa son los alternativos.

El gráfico que ancla el argumento es el de los supuestos de mercado de capital a largo plazo de HSBC Asset Management, que sitúa cada clase de activo en un mapa de rentabilidad esperada frente a volatilidad esperada. Varias categorías alternativas —private equity global, direct lending (una forma de crédito privado) y hedge funds— destacan por su comportamiento ajustado al riesgo.

Gráfico 3 (HSBC): "Long-term capital market assumptions". Diagrama de dispersión de rentabilidad esperada (eje vertical, % en USD) frente a volatilidad esperada (eje horizontal, %) para las principales clases de activo, agrupadas por color en bonos, crédito, renta variable, cartera y alternativos. Las clases alternativas (private equity global, direct lending, hedge funds, infraestructuras) aparecen con ratios de Sharpe atractivos respecto a las clases tradicionales. Fuente: HSBC Asset Management, datos a septiembre de 2025.

El documento recorre con detalle las grandes familias de alternativos. El private equity permite acceder a un universo amplio de compañías infravaloradas pero innovadoras, con libertad para transformarlas; el crédito privado, vía préstamos directos a medianas empresas, ofrece rentabilidades de tipo equity con frecuencia a tipo variable y garantías sólidas; las infraestructuras aportan flujos estables y cobertura frente a la inflación; los hedge funds, estrategias de macro global o long/short que generan retornos descorrelacionados. El banco subraya además la "democratización" de estos activos: cambios regulatorios en Reino Unido, Europa y Asia, junto a vehículos evergreen de mínimos más bajos y plataformas digitales, los están abriendo a inversores que antes quedaban fuera. Pero acompaña la apertura con dos cautelas que conviene no perder de vista: los alternativos suelen ser más ilíquidos y arriesgados que la inversión cotizada, y la dispersión de resultados entre gestores es enorme, lo que hace de la selección de gestor un factor crítico.

La lectura de Maya

Think Future 2026 es, en el fondo, un documento de equilibrios. HSBC no renuncia al optimismo —cree que el ciclo alcista sigue su curso—, pero lo rodea de matices que el inversor prudente debería retener. El primero es que la convicción sobre la IA no equivale a complacencia: el banco asume correcciones de corto plazo y, de hecho, las recomienda anticipar. Quien interprete el mensaje como una invitación a concentrarse en los gigantes tecnológicos estará leyendo lo contrario de lo que el documento dice; la propia guía recorta Estados Unidos, ensancha la exposición a Asia y diversifica por sectores precisamente para gestionar el riesgo de concentración.

El segundo matiz, y el más sugerente desde nuestra óptica, es la idea de "diversificar los diversificadores". La frase que hemos elegido para encabezar este comentario —que no hay una bala de plata para lograr resiliencia de cartera bajo distintos escenarios de riesgo— resume bien la filosofía: ningún activo aislado protege en todos los entornos, de modo que la respuesta es una arquitectura multiactivo que reparte el riesgo entre regiones, sectores, divisas y, ahora, clases alternativas. Es una conclusión que conecta con nuestra propia forma de entender la gestión del riesgo: la resiliencia no se compra con un activo refugio, se construye con una combinación deliberada.

Conviene, eso sí, leer las cautelas con la misma atención que las oportunidades. El oro brilla, pero su correlación con la bolsa se ha vuelto positiva en máximos, lo que limita su papel como seguro perfecto. Los alternativos diversifican, pero a cambio de iliquidez, mayor riesgo y una dependencia decisiva de la calidad del gestor. Y la apuesta asiática, por convincente que sea su narrativa de valoración y crecimiento, descansa sobre supuestos políticos y monetarios que pueden torcerse. La guía de HSBC ofrece un mapa razonable para 2026; el trabajo del asesor consiste en traducir ese mapa a una cartera concreta, calibrando cada exposición al horizonte, la liquidez y la tolerancia al riesgo de cada familia. Como recuerda el propio banco, el inversor no debería tomar este documento como sustituto de su propio juicio —ni del de su asesor.