Cada año, el Investment Company Institute (ICI) —la patronal estadounidense de los fondos regulados— publica el Investment Company Fact Book, un compendio estadístico que se ha convertido en la referencia para entender por dónde fluye el ahorro colectivo en el mundo. La edición de 2025, la sexagésimo quinta, resume el trabajo del departamento de investigación del ICI durante 2024: más de 300 informes estadísticos y 26 publicaciones de investigación y política.
En BISSAN lo leemos no como un anuario corporativo, sino como un mapa. Detrás de cada cifra hay tendencias estructurales que afectan a cómo se construye una cartera, cuánto cuesta invertir y cómo se prepara una jubilación. Aquí destilamos lo que de verdad importa, con el dato siempre tomado de la fuente.

El mundo: 73,9 billones repartidos por casi 144.000 fondos
A cierre de 2024, los fondos abiertos regulados del mundo —fondos de inversión, ETFs y fondos institucionales— sumaban 73,9 billones de dólares en patrimonio, un 7% más que el año anterior. La fotografía es la de un sector que vuelve a crecer con fuerza tras un 2022 difícil: bajada de tipos oficiales, beneficios empresariales sólidos impulsados por la inteligencia artificial y una inflación a la baja.
El catálogo es inmenso: 143.858 fondos regulados disponibles globalmente. Europa concentra el 42% de ese número de productos y Estados Unidos solo el 21%, una asimetría que refleja la fragmentación europea (cada fondo registrado por país) frente a la escala estadounidense. Por tipo de activo, la renta variable domina con el 33% de los fondos.

El crecimiento del patrimonio se explica sobre todo por la renta variable, que subió un 12% hasta 35,7 billones al calor de unas bolsas al alza (+24% en EE. UU., +10% en Asia-Pacífico). La renta fija avanzó un 7% hasta 13,8 billones, y los monetarios subieron de forma notable hasta 11,6 billones, atraídos por unos tipos a corto todavía elevados.
Lo interesante para un asesor es la geografía del ahorro. Estados Unidos sigue acaparando el 53% del patrimonio mundial de fondos regulados y Europa el 31%; Asia-Pacífico aporta otro 11%. No es casualidad: detrás de esa concentración están unos marcos regulatorios sólidos (el 401(k) en EE. UU., el pasaporte UCITS en Europa) que han hecho del fondo el vehículo natural del ahorro.

Esta primacía del mercado estadounidense conecta con un concepto que en BISSAN repetimos a menudo: la diferencia entre economías basadas en el mercado y economías basadas en la banca. Los hogares estadounidenses tienen una parte mucho mayor de su riqueza financiera en fondos y mucha menos en depósitos. En la Unión Europea los hogares mantienen el 32% de su riqueza financiera en bancos, y en Japón el 51%. Cuanto más bancarizado el ahorro, menos cultura de fondos —y, a menudo, menos rentabilidad real a largo plazo para las familias.
Estados Unidos: 39,2 billones y la fuerza de la indexación
El mercado estadounidense por sí solo gestionaba 39,2 billones de dólares a través de 16.338 sociedades de inversión registradas. La inmensa mayoría son fondos de inversión tradicionales (28,5 billones) y ETFs (10,3 billones); los fondos cerrados tradicionales y los unit investment trusts son ya residuales en patrimonio (249.000 y 90.000 millones, respectivamente).

Lo más relevante de este capítulo es el avance imparable de la gestión indexada. A cierre de 2024, los fondos indexados (fondos índice y ETFs índice) ya representaban el 51% del patrimonio de fondos a largo plazo en EE. UU., frente a apenas el 19% en 2010. Es uno de los cambios estructurales más profundos de la industria: la mitad del dinero a largo plazo se gestiona ya replicando un índice.

Conviene matizar el dato, como hace el propio ICI, para no caer en el alarmismo sobre la indexación: aunque los fondos índice de renta variable doméstica han crecido mucho, solo poseen el 18% de la capitalización del mercado bursátil estadounidense. La gestión activa en fondos y ETFs domésticos suma otro 12%, y el 70% restante está en manos de otros inversores (hedge funds, planes de pensiones, aseguradoras y particulares). La indexación pesa en la industria de fondos, pero no "controla" la bolsa.
El reverso de esta tendencia es la concentración. La cuota de las cinco mayores gestoras pasó del 35% en 2005 al 57% en 2024; las diez mayores controlan el 71% y las veinticinco mayores, el 85%. El tirón de los productos indexados —donde mandan los grandes— y el de los fondos de renta fija explican buena parte de este movimiento, que se ha producido a costa del tramo medio del sector (las gestoras del puesto 11 al 25 perdieron cuota, del 21% al 14%).

En el plano del gobierno corporativo, el ICI dedica un apartado al voto en juntas. Durante el año de proxy 2024, las sociedades de inversión emitieron cerca de 8,8 millones de votos y apoyaron las propuestas de la dirección el 92% de las veces. En las propuestas de accionistas sobre asuntos sociales y medioambientales, el apoyo medio fue del 21%; en las de derechos del accionista, del 68%. El mensaje del ICI es claro: no hay una talla única que describa cómo votan los fondos. Cada propuesta se valora en su contexto.
Sobre la inversión ESG, los datos confirman el enfriamiento de la demanda: en 2024 había 842 fondos y ETFs clasificados según criterios ESG, con 570.000 millones de patrimonio, pero el número de productos bajó y los flujos siguieron en negativo (-13.000 millones en 2024, tras -8.000 millones en 2023). En BISSAN entendemos el análisis de factores ESG como una herramienta más de gestión de riesgos, no como una etiqueta de marketing —y los números del ICI apuntan a que el mercado está depurando precisamente eso.
Fondos de inversión: el dinero se mueve hacia los ETFs
El sector estadounidense de fondos de inversión sigue siendo el mayor del mundo, con 28,5 billones de patrimonio. Pero la dinámica de flujos cuenta una historia más fina. En 2024 los fondos de inversión captaron 127.000 millones netos, gracias a que las entradas en monetarios (+703.000 millones) y en renta fija compensaron las salidas de los fondos de renta variable, que perdieron 655.000 millones en el año pese a unas bolsas en máximos.
¿A dónde va ese dinero? En buena medida, a los ETFs. El gráfico acumulado lo retrata sin ambigüedad: desde 2015, los fondos de inversión de renta variable doméstica de gestión activa han sufrido salidas acumuladas de unos 3,0 billones de dólares, mientras que los indexados —y sobre todo los ETFs— han captado 2,9 billones. No es tanto que el inversor abandone la bolsa como que cambia de envase: del fondo activo caro al ETF indexado barato.

Este trasvase está muy ligado al canal de asesoramiento. En 2023, los brókeres de servicio completo tenían el 31% de los activos de sus clientes en ETFs y los asesores con cobro por activos (fee-based) el 45%, frente al 9% y el 18% que tenían en 2013. Es un dato que en una EAF como la nuestra observamos con atención: el asesoramiento independiente, retribuido por servicio y no por comisión de producto, tiende de forma natural hacia los vehículos más eficientes en coste.
ETFs: el vehículo de la década
Los ETFs son la gran historia de crecimiento de la industria. A cierre de 2024 superaron por primera vez los 10 billones de dólares de patrimonio (10.305 mil millones), repartidos en 3.637 fondos. Para dimensionar el salto: en 2010 sumaban menos de un billón. La renta variable de gran capitalización doméstica sigue siendo el grueso (3,8 billones, un 37% del total), pero los ETFs de renta fija ya pesan 1,8 billones.

La demanda no da tregua: la emisión neta de participaciones de ETFs alcanzó un récord de 1,1 billones de dólares en 2024 (1.144 mil millones), casi el doble de los 597.000 millones de 2023. Creció en todas las clases de activo, con la renta variable doméstica disparándose de 319.000 a 742.000 millones.

Un apunte que desmonta un mito recurrente: pese al volumen de negociación de ETFs, su impacto sobre las acciones subyacentes es modesto. En 2024 la actividad de mercado primario (creaciones y reembolsos) de los ETFs de renta variable doméstica fue de 7,0 billones, apenas el 6,2% de los 112,5 billones negociados en acciones. La mayor parte de la actividad —el 83% de media— ocurre en el mercado secundario, donde los inversores se intercambian participaciones entre sí sin tocar la cartera del fondo.
¿Quién compra ETFs? Unos 16,9 millones de hogares estadounidenses (el 13%). Tienden a ser inversores con mayor tolerancia al riesgo (el 51% asume riesgo sustancial o superior a la media, frente al 32% de quienes solo tienen fondos de inversión) y muy orientados a la jubilación: el 82% tiene IRAs y el 78% planes de aportación definida.
Fondos cerrados: un nicho que muta
El capítulo de los fondos cerrados (CEF) confirma su carácter de nicho en transformación. Los CEF tradicionales sumaban 249.000 millones a cierre de 2024, con el número de fondos en descenso continuado (382, frente a casi 500 hace unos años) por liquidaciones y conversiones a fondos abiertos o ETFs. La renta fija concentra el 59% del patrimonio.
Donde sí hay crecimiento es en los CEF no cotizados: fondos de intervalo, fondos de oferta de adquisición (tender offer) y business development companies (BDC). Juntos alcanzaron 403.000 millones de patrimonio y 393 fondos en 2024. Las BDC, que invierten en compañías privadas pequeñas y medianas sin acceso a financiación bancaria, son ya el mayor de estos segmentos con 225.000 millones. Es la puerta de entrada del crédito privado al inversor minorista, un terreno que vigilamos con prudencia: más rentabilidad potencial, sí, pero también menos liquidez y más complejidad.
Costes: la mejor noticia para el inversor
Si hay un capítulo que en BISSAN aplaudimos sin reservas es el de los costes. El coste medio que paga el inversor en fondos lleva décadas cayendo, y la magnitud es notable. En base ponderada por activos, el coste medio de un fondo de renta variable bajó del 0,99% en 2000 al 0,40% en 2024, una caída del 60%. Los fondos mixtos cayeron un 35% (del 0,89% al 0,58%) y los de renta fija un 50% (del 0,76% al 0,38%).

Hay un detalle metodológico que merece explicarse, porque es exactamente el tipo de cosa que separa una recomendación seria de una superficial: el coste medio simple (la media de todos los fondos a la venta) es bastante más alto que el medio ponderado por activos (lo que realmente paga el inversor). En renta variable, la media simple era del 1,10% en 2024 frente al 0,40% ponderado. ¿Qué significa? Que los inversores concentran su dinero en los fondos más baratos. De hecho, los fondos de renta variable del cuartil más barato acaparan el 81% del patrimonio de su categoría.
El segundo motor de la caída de costes es el abandono de las comisiones de suscripción (sales loads). Las clases sin comisión de entrada ni comisión 12b-1 pasaron de representar el 46% de las ventas brutas de fondos a largo plazo en 2000 a un abrumador 92% en 2024. El inversor estadounidense ha dejado de pagar por entrar en el fondo y, cada vez más, paga directamente al asesor por el servicio —un modelo que coincide con la filosofía de una EAF.

Quién invierte: el ahorrador de a pie
Lejos del tópico del inversor adinerado, los datos del ICI retratan al accionista de fondos como gente corriente. En 2024, el 56% de los hogares estadounidenses (74,0 millones) poseía fondos o ETFs, y los fondos de inversión seguían siendo el producto más extendido: 71,0 millones de hogares, más de 120 millones de personas. Casi dos tercios de los hogares con fondos ingresaban menos de 150.000 dólares al año, y la mayoría estaba en plena edad laboral, ahorrando para la jubilación.
El hogar mediano con fondos tenía 115.000 dólares de renta, 300.000 en activos financieros y 125.000 invertidos en tres fondos. La generación del baby boom concentra casi la mitad (49%) del patrimonio de fondos de los hogares, fruto de su tamaño, sus altas tasas de propiedad y las décadas que han tenido para ahorrar. Pero las generaciones jóvenes avanzan: el 49% de los hogares millennial y el 35% de los de la generación Z ya poseen fondos.
Jubilación: el verdadero corazón del sistema
El último gran capítulo es, probablemente, el más importante desde la óptica de la planificación. Los activos destinados a la jubilación en EE. UU. ascendían a 44,1 billones de dólares a cierre de 2024, un 11% más que el año anterior, y representaban más de un tercio de toda la riqueza financiera de los hogares. Los dos grandes pilares son las IRAs (17,0 billones) y los planes de aportación definida, con los 401(k) a la cabeza (8,9 billones).

El ICI insiste en una idea que compartimos: la jubilación no es un taburete de tres patas iguales (Seguridad Social, plan de empresa, ahorro privado), sino una pirámide de cinco capas de tamaño desigual: Seguridad Social en la base, vivienda, planes de empleo, IRAs y otros activos. La Seguridad Social es deliberadamente progresiva —reemplaza el 78% de los ingresos de por vida del quintil más bajo y solo el 31% del más alto—, de modo que las capas superiores ganan peso a medida que sube la renta.
Un dato que da esperanza frente al discurso catastrofista sobre las pensiones: según un estudio del ICI que siguió a estadounidenses desde los 55 hasta los 72 años, el individuo típico mantenía a los 72 más del 90% de su renta disponible ajustada a inflación respecto a la que tenía entre los 55 y los 59. Y los de rentas bajas reemplazan porcentajes incluso mayores (mediana del 103% en el tercer ventil).
La pieza que más nos interesa como gestores de carteras es la asignación por edad dentro de los 401(k). El comportamiento es de manual de ciclo de vida: los participantes en la veintena tenían de media el 89,5% de su cuenta en renta variable y un 65,6% en fondos de fecha objetivo (target date); los de la sesentena bajaban al 57,0% en renta variable y solo un 32,0% en fondos de fecha objetivo, con mucho más peso en renta fija. Es exactamente la senda de desrisking que un buen plan financiero debe trazar: más crecimiento al principio, más estabilidad al acercarse la meta.

Los fondos de fecha objetivo son, de hecho, uno de los grandes éxitos silenciosos del sistema: pasaron del 8% de los activos de los 401(k) en 2007 al 38% en 2022, y cerca de siete de cada diez partícipes los utilizan. Su atractivo —rebalanceo automático y diversificación por defecto— resuelve el principal problema del ahorrador medio: la inercia y la falta de tiempo para gestionar.
Lo que nos llevamos
El Fact Book 2025 confirma cuatro corrientes de fondo que en BISSAN tenemos muy presentes al construir y revisar carteras:
- El fondo regulado es el vehículo dominante del ahorro mundial, con 73,9 billones y una cuota creciente de los mercados de capitales (27%, frente al 24% de hace una década).
- La indexación ya es la norma, no la excepción, pero sin "controlar" la bolsa: convive con la gestión activa, que sigue teniendo su papel donde aporta valor real.
- Los costes caen y el modelo de retribución migra hacia el cobro por servicio, justo el terreno donde una EAF aporta transparencia.
- El sistema de jubilación descansa sobre fondos, y la lógica de asignación por edad que aplican millones de partícipes valida el enfoque de planificación por ciclo de vida.
Ninguna de estas tendencias es una recomendación de inversión en sí misma. Son el contexto. Y leer bien el contexto —con el dato verificado, no con el titular— es la primera obligación de cualquiera que asesore con seriedad.
