Llevo unos días dándole vueltas a una pregunta que el equipo de J.P. Morgan Private Bank (Kriti Gupta y Justin Biemann) plantea sin rodeos en su última nota: ¿por qué las bolsas están en máximos cuando el conflicto con Irán sigue abierto, sin hoja de ruta y con un bloqueo naval en una de las vías de agua más transitadas del mundo? La respuesta corta de la casa es que el rebote no se apoya en la geopolítica, sino en los beneficios. La respuesta larga merece que le dediquemos un rato, porque encierra una lección de comportamiento que en BISSAN repetimos hasta el cansancio.
Un rebote en V más rápido que nunca
El dato que abre la nota es contundente: tras una caída de casi el 10% en el S&P 500, la recuperación completa hasta niveles previos al conflicto se completó en apenas once sesiones de bolsa. Once. Y no fue solo el índice grande: el Nasdaq-100 encadenó trece días consecutivos al alza (su racha más larga en más de una década), mientras el propio S&P 500 y el Russell 2000 acumulaban subidas del 9% y el 11% en el mes, respectivamente. El rally, dicen los autores, ha sido indiscriminado.
J.P. Morgan lo pone en perspectiva histórica con el primer gráfico, que cuenta los días que el mercado tardó en recuperar cada caída superior al 10% desde la burbuja puntocom hasta hoy.

La lectura visual es elocuente. La burbuja puntocom (2000-2007) necesitó 1.166 días para sanar; la crisis financiera global (2007-2013), 1.021. A partir de ahí, los tiempos se desploman: la crisis de deuda europea (2011-2012) se recuperó en 99 días, la devaluación china (2015-2016) en 103, la guerra comercial EE.UU.-China (2018-2019) en 137, un ciclo de subidas de tipos (2018-2019) en 81, el COVID-19 (2020) en 103, otro ciclo de subidas (2022-2023) en 318, el "tariff tantrum" (2025) en 55, y el conflicto con Irán (2026) en solo 11 (la nota matiza al pie que esa caída fue del 9,1%). Dicho de otro modo: lo que antes costaba más de tres años, hoy se ventila en semanas.
¿A qué se debe esta aceleración? Los autores apuntan a tres fuerzas: liquidez desbordante, estructuras de mercado más evolucionadas y, a menudo, una política monetaria más laxa. Y aquí está, para mí, lo más valioso de toda la nota: su conclusión de que históricamente quedarse invertido pese a la volatilidad geopolítica ha rendido a largo plazo, y que los inversores lo recuerdan y están favoreciendo la reincorporación. De hecho, esto es exactamente la columna vertebral del comportamiento que defendemos en BISSAN. El que vende en el pánico de la séptima sesión se pierde precisamente la recuperación de las cuatro siguientes.
El rebote no se ha sentido igual en todas partes
Conviene no extrapolar la euforia americana al resto del mundo, y la nota tiene el cuidado de no hacerlo. Corea y Taiwán tocaron máximos, y los mercados emergentes rebotaron incluso más rápido que las referencias estadounidenses. Pero Europa y Japón, pese a rebotes igualmente intensos, siguen cotizando bastante por debajo de sus picos previos al conflicto.

El segundo gráfico mide la rentabilidad por precio desde el 30 de marzo de 2026. Los emergentes (MSCI EM) lideran con un 13,8%, seguidos muy de cerca por el S&P 500 con un 12,5%. Y luego está la otra mitad del mundo: Europa (EURO STOXX 50) se queda en un 6,6% y Japón (TOPIX) en un 5,7%. La brecha es de más del doble. La explicación de la casa para Europa es directa: la región había rendido bien antes en el año, sus valoraciones subieron al calor de unas expectativas de beneficios agresivas y, al entrar el shock energético, ya estaba vulnerable. Ahora el problema no es solo de valoración relativa, sino de beneficios negativos hacia delante. Y le falta, dicen, uno de los motores clave de esta recuperación: el peso tecnológico. Una observación que comparto: sin el ancla del sector tecnológico, la foto europea es sustancialmente más pobre que la americana.
Precios en máximos, pero valoraciones más baratas
Aquí viene el matiz que más me gusta de la nota, porque desmonta el reflejo automático de "máximos igual a caro". Aunque el S&P 500 volvió a sus mejores niveles, su valoración ha caído desde los picos. A cierre de 2025 el índice cotizaba por encima de un múltiplo de 23 veces beneficios sobre el PER forward mezclado a un año. Hoy, esa cifra está por debajo de 21. Y el reajuste es aún más dramático en el sector tecnológico.

El tercer gráfico ("1-year blended forward price-to-earnings multiple") traza la evolución de ambos múltiplos en el último año, con el eje vertical desde 18x hasta 32x. El sector tecnológico, que llegó a rozar las 32x hacia finales de 2025, cierra el gráfico en torno a las 23x, mientras el S&P 500 termina alrededor de las 21x. Es decir: los precios han vuelto, pero las valoraciones no han vuelto con ellos, lo que sugiere que los beneficios futuros han corrido más deprisa que las cotizaciones. ¿Tiene sentido? Para mí, sí: un mercado que sube mientras su múltiplo baja es un mercado donde la subida la pagan los beneficios, no la euforia. Y eso, sobretodo en plena incertidumbre geopolítica, es una señal más sólida de lo que parece.
Los beneficios no parpadearon
El núcleo de la tesis es este: el miedo durante la corrección era que las consecuencias del conflicto se filtrasen a los márgenes corporativos, a la inversión y, en última instancia, al consumo. Los primeros resultados muestran lo contrario. Con cerca del 25% del S&P 500 habiendo reportado, en torno al 83% ha batido las estimaciones de beneficios, claramente por encima de la media de cinco años del 78%. El crecimiento de ingresos también va camino de su nivel más fuerte desde 2022, con un 77% de compañías superando las estimaciones de ventas frente a la media de cinco años del 70%.
Si el resto de la temporada cumple lo previsto, marcaría seis trimestres consecutivos de crecimiento de beneficios de doble dígito (la racha más larga desde la salida de la crisis financiera de 2008). Dicho esto, y aquí la nota es honesta, incluso con proyecciones tan altas la acción mediana se espera que crezca sus beneficios en torno al 8%, solo marginalmente por encima del 7,5% de media histórica del índice. La divergencia, de nuevo, la marca la historia tecnológica. Es un matiz importante: el grueso de la fuerza se concentra en unos pocos nombres, no está repartido de forma homogénea por todo el índice.
Lo que cazamos para tu patrimonio
Para una casa de banca privada, J.P. Morgan firma aquí una nota sobria y útil, sin hipérboles. Y deja, a mi juicio, una idea que trasciende este episodio concreto con Irán: los rebotes son cada vez más rápidos, y eso tiene consecuencias directas sobre cómo debes comportarte cuando llega la corrección. Si la ventana para vender en pánico y "tener razón" se ha reducido de tres años a once sesiones, el coste de equivocarse en el timing se ha vuelto brutal. De hecho, así pues, la conclusión práctica no es predecir cuándo viene el susto (nadie puede), sino estar planificado para no necesitar venderlo.
No quisiera, sin embargo, dejar de señalar el escenario adverso, porque sería irresponsable. La nota se apoya en una temporada de resultados todavía en curso (solo el 25% ha reportado) y en un múltiplo tecnológico que, aun corregido, sigue en niveles exigentes. Si los beneficios decepcionasen en los próximos trimestres, o si el conflicto con Irán escalase de verdad, la velocidad del rebote podría tornarse en velocidad de la caída. La misma liquidez que acelera las recuperaciones acelera también los desplomes. Desgraciadamente, esa moneda tiene siempre dos caras.
El tiempo dirá si esta recuperación se sostiene. Mientras tanto, la lección de fondo permanece: para una familia con horizonte largo, el riesgo de verdad no es la volatilidad de estas seis semanas, sino el comportamiento de quien la confunde con riesgo y se baja del avión a mitad de vuelo. Y eso, con plan, no debería pasar.
