El equipo de Market Insights de MFS Investment Management abre 2026 con una tesis que combina prudencia y apetito por el riesgo. Su lectura del año que viene se apoya en una idea vertebradora: pese a unos riesgos geopolíticos que no desaparecen, el entorno macroeconómico y de mercado debería seguir siendo favorable a los activos de riesgo. Detrás de esa frase hay tres palancas que recorren todo el documento —estímulo de política económica a escala mundial, inteligencia artificial y diversificación global— y que conviene desgranar una a una porque cada una tiene implicaciones distintas para una cartera.

El año del estímulo global

El primer gran tema de MFS es que 2026 será un año de estímulo de política económica prácticamente en todas partes. En Estados Unidos, la gestora espera una combinación acomodaticia de política monetaria y fiscal. El grueso del impulso llegará de la Reserva Federal, con varios recortes de tipos en el horizonte, pero el lado fiscal también aportará, sobre todo en la primera mitad del año. El dato que mejor lo ilustra: la próxima primavera, una cifra estimada en unos 60.000 millones de dólares en devoluciones fiscales llegará a los hogares estadounidenses al amparo de la One Big Beautiful Bill Act (OBBBA), algo que MFS anticipa que sostendrá al consumidor.

No es solo cosa de Estados Unidos. En Europa, la política fiscal está tomando el relevo del BCE como principal fuente de impulso al crecimiento, cortesía del "bazuca fiscal" alemán, sin olvidar que la eurozona seguirá beneficiándose del efecto retardado de los recortes de tipos pasados. China activará palancas monetarias y fiscales para estimular una economía que sigue lidiando con riesgos de deflación. Y en Japón, aunque se espera un endurecimiento monetario modesto, la recién elegida primera ministra Sanae Takaichi prioriza el crecimiento con un ambicioso plan plurianual de gasto público.

Ahora bien, MFS introduce un matiz importante de selectividad por países. No todos los Estados que estimulan parten de la misma posición fiscal. El primer gráfico del documento, basado en estimaciones del FMI, ordena los déficits fiscales esperados para 2026 como porcentaje del PIB, y la dispersión es notable: hay países con déficits muy abultados y otros con margen.

Déficits fiscales estimados para 2026 como porcentaje del PIB, según el FMI EXHIBIT 1: ESTIMATED 2026 FISCAL DEFICITS — déficits fiscales estimados por el FMI como % del PIB para una muestra de países (World Economic Outlook, octubre 2025).

La conclusión operativa de MFS es ejercer selectividad de país: los países con menor credibilidad que arrastran grandes déficits fiscales y ratios de deuda elevados pueden verse sometidos a presión al alza sobre sus tipos. Es la cara incómoda del estímulo. En el bloque de "deuda y déficits", la gestora recuerda que las naciones occidentales, incluida Estados Unidos, afrontan cargas de deuda crecientes en un contexto de resistencia social a la austeridad: Alemania ha abandonado su tradicional conservadurismo fiscal para priorizar rearme e infraestructuras, y Japón, pese a su altísima ratio deuda/PIB, ha abrazado una agenda económica expansiva.

Navegar los riesgos geopolíticos

El segundo gran eje es geopolítico, y MFS lo organiza en cuatro frentes. El primero es el desacoplamiento entre Estados Unidos y China, que sigue obligando a numerosos países a gestionar las consecuencias de ese reordenamiento. Para reforzar la seguridad nacional y económica, los países están "desriesgando" sectores industriales sensibles como semiconductores, farmacéuticos, energía nuclear y tecnología. La tregua comercial de un año entre Washington y Pekín da un respiro temporal, pero MFS advierte de que puede ser insuficiente para reestructurar del todo las cadenas, con el consiguiente encarecimiento de inputs cuando el acceso prima sobre la asequibilidad.

El segundo frente es la supremacía en IA: la carrera global por el dominio tecnológico va a remodelar múltiples sectores. La capacidad de producir energía de forma económica para alimentar centros de datos avanzados será crítica y podría obligar a algunos países a reconsiderar sus compromisos climáticos; en paralelo, el auge de ciberamenazas sofisticadas exige contramedidas robustas. El tercero es la política populista: la era de los desacuerdos corteses entre centroizquierda y centroderecha parece cosa del pasado, con partidos establecidos perdiendo terreno y electorados más polarizados. Esa polarización puede traducirse en una formulación de políticas más volátil. El cuarto frente, deuda y déficits, ya lo hemos comentado. La receta de MFS ante este tablero: diversificar carteras por geografías y sectores, centrarse en compañías resilientes y adaptables con buena gestión, y, en renta fija, seleccionar mercados emergentes con mejores fundamentales fiscales.

¿Está la prima de la IA demasiado alta?

Aquí llega uno de los apartados más comentables del documento, y conviene tratarlo con el rigor que merece: analizar la IA como dato no equivale a recomendar invertir en nada concreto. La tesis de MFS es que, pese a la incertidumbre, las valoraciones actuales no encienden alarmas de primer orden. Su argumento central es que esto no es 1999: los ratios precio/beneficio de las mayores tecnológicas de hoy siguen muy por debajo de las cotas alcanzadas en la burbuja puntocom.

El segundo gráfico del informe es la prueba visual de esa idea. Compara el P/E forward de Nvidia entre 2021 y 2025 con el de Cisco entre 1996 y 2000, alineando ambas series por número de meses antes de la fecha final. La cifra que MFS destaca es contundente: el P/E forward de Nvidia ronda las 32x frente a las 126x de Cisco en 2000. Y añade un matiz de fundamentales que importa tanto como el múltiplo: Nvidia ha hecho crecer sus beneficios cinco veces más rápido que Cisco a lo largo de los respectivos periodos.

Comparación del P/E forward de Nvidia (2021-2025), que cierra el periodo en torno a 32x, frente a Cisco (1996-2000), con pico cercano a 126x en 2000 EXHIBIT 2: NVIDIA VS. CISCO — Forward P/E de Nvidia (2021–2025), que cierra el periodo en torno a 32x, frente a Cisco (1996–2000), con pico cercano a 126x en 2000; "Nvidia grew its earnings 5x faster than Cisco over the respective periods" (FactSet).

MFS sostiene que, aunque los indicadores de valoración han subido, no han llegado a un punto que señale riesgo inminente de corrección, sobre todo dado el robusto panorama de beneficios. Más allá de los múltiplos, los fundamentales de las megacaps tecnológicas son hoy considerablemente más sólidos que hace un cuarto de siglo: balances fuertes, flujo de caja positivo y alta rentabilidad. Dicho esto, la gestora pide vigilancia. Existe el riesgo de que las previsiones de adopción de IA sean demasiado optimistas, lo que sembraría dudas sobre si la demanda se materializará tan rápido como se espera y podría desembocar en un "bust" inversor y un golpe a los beneficios. MFS pone el foco en OpenAI como actor pivotal de la oleada de capex: proyecta alcanzar 200.000 millones de dólares de ingresos en 2030, frente a 15.000 millones hoy, pero ni siquiera ese crecimiento extraordinario cubriría necesariamente sus necesidades de financiación sin una OPV exitosa. La actitud recomendada: saber qué se posee y ser selectivo, favorecer nombres con calidad sostenible y diversidad de clientes, y usar la diversificación como estrategia de gestión del riesgo de la IA.

De la promesa al impacto: la adopción empresarial

MFS dedica un tema aparte a la adopción empresarial de la IA, que distingue del entusiasmo en torno a las valoraciones. Su tesis es que la IA no es solo una evolución tecnológica, sino un cambio de paradigma en cómo las empresas crean valor. Pero el camino de adopción corporativa es complejo: mientras las aplicaciones de consumo han avanzado rápido, las empresas avanzan con más cautela por la necesidad de gobernanza, seguridad y privacidad de datos, factores críticos en sectores como finanzas y sanidad. MFS cree que, en un horizonte de tres a cinco años, habrá tropiezos antes de cosechar ganancias relativamente sustanciales. La pista accionable: centrarse en compañías innovadoras que orienten su gasto en I+D hacia la IA y tengan alianzas estratégicas que aprovechen datos propietarios, y apuntar a sectores donde la adopción de IA refuerce márgenes vía poder de fijación de precios, no aquellos donde las ganancias de eficiencia se trasladan al cliente.

Pensar global, invertir global

El tercer gran bloque de la tesis es la diversificación geográfica, y aquí MFS es especialmente enfático. Durante la última década las acciones estadounidenses dominaron, superando el 60% del valor de mercado global a hombros de las "Siete Magníficas", mientras la renta variable no estadounidense quedaba rezagada. Pero 2025 ha dado la vuelta al guion: por primera vez en años, la bolsa internacional bate a la estadounidense, impulsada por una mayor volatilidad del mercado estadounidense y un dólar más débil.

Renta variable no estadounidense superando a la estadounidense en 2025 EXHIBIT 4: NON-US EQUITIES OUTPERFORMING US EQUITIES IN 2025 — retorno acumulado de MSCI ACWI ex USA frente a S&P 500 (FactSet, datos diarios del 31 dic 2024 al 17 nov 2025).

El gráfico muestra cómo el índice MSCI ACWI ex USA se distancia del S&P 500 a lo largo de 2025. Para MFS, la disparidad de valoración entre la bolsa de fuera de EE. UU. y la estadounidense tiene potencial para estrecharse: las acciones no estadounidenses cotizan a casi dos desviaciones típicas por debajo de su media histórica de largo plazo, un descuento significativo frente a la renta variable de Estados Unidos. De cara al futuro, se espera que Europa y Japón mejoren su crecimiento de beneficios, lo que ayudaría a cerrar las brechas de beneficios y valoración con EE. UU. Reformas estructurales y fiscales —mayor gasto en defensa e infraestructuras en Europa, una unión de ahorro e inversión, reformas favorables al accionista y grandes reservas de caja en Japón— apuntalan el argumento. Como pistas concretas, MFS apunta a bancos e industriales europeos, a compañías japonesas infravaloradas y a una selección cuidadosa en emergentes, con foco en Taiwán, Corea del Sur y China.

La misma lógica se traslada a la renta fija con el lema "inversores sin fronteras". MFS argumenta que el desacoplamiento macro genera más oportunidades para el inversor global: las políticas de la Fed y del BCE están desincronizadas, y mientras la Fed probablemente recorte de forma significativa en los próximos doce meses, el ciclo de relajación del BCE podría haber terminado ya. La excepcionalidad estadounidense se ha puesto en cuestión, el dólar está bajo presión y el mercado de bonos del Tesoro ha perdido parte de su carácter de refugio. Todo ello refuerza el argumento de rebalancear fuera de EE. UU. hacia crédito global y deuda emergente.

Crédito corporativo: fiesta como en 1996

El último tema cierra el círculo macro con el crédito corporativo. MFS espera que los fundamentales mejoren en 2026: aunque el buen comportamiento de 2025 vino de los rendimientos atractivos, el año que viene el foco se desplazará a unos fundamentales en mejora. A medida que los bancos centrales sigan recortando tipos, los rendimientos globales caen, lo que puede restar atractivo a la renta fija, pero también permitirá a las empresas refinanciar y emitir deuda en mejores condiciones, aliviando la presión sobre sus balances. Métricas clave como gastos por intereses, saldos de caja y ratios de cobertura de intereses deberían mejorar. El paralelismo histórico que elige MFS es la mitad de los años noventa: igual que el ajuste de mitad de ciclo de la Fed en 1995 sostuvo los fundamentales y permitió a los corporativos cotizar con diferenciales muy estrechos durante un periodo prolongado, en 2026 las políticas macro podrían volver a impulsar fundamentales más sanos que respalden valoraciones de crédito ajustadas. La advertencia: cautela con el crédito privado, donde algunas áreas muestran señales de tensión creciente.

Lectura desde BISSAN

El documento de MFS es, en el fondo, un alegato a favor de la diversificación —geográfica, de clases de activo y de factores— sostenido por un escenario de estímulo coordinado. La idea de rebalancear fuera de una concentración estadounidense extrema, el recordatorio de que múltiplos altos no equivalen automáticamente a burbuja cuando los fundamentales acompañan, y la selectividad por países según su salud fiscal son mensajes que encajan con una gestión del riesgo disciplinada. Como siempre, conviene tomar las "acciones a considerar" del paper como lo que son —el posicionamiento de una gestora—, no como recomendaciones para una cartera concreta.