Hay informes de industria que celebran un buen año y otros que aprovechan el buen año para avisar de lo que viene. El Global Asset Management Report 2025 de BCG, en su 23ª edición y titulado From Recovery to Reinvention, pertenece claramente al segundo grupo. El titular es inmejorable —la industria global de gestión de activos alcanzó un récord de 128 billones de dólares en 2024, un 12% más que el año anterior, con todas las regiones aportando al alza— pero la tesis del documento es justamente que ese récord oculta más de lo que muestra. La recuperación que ha marcado los dos últimos años no basta: las gestoras tienen que pasar de recuperarse a reinventarse.
Un récord que descansa sobre el mercado, no sobre el cliente
El primer dato a leer con cuidado es de dónde viene el crecimiento. La industria sumó 128 billones de dólares en activos bajo gestión en 2024, partiendo de los 36 billones de 2005. El impulso del último año lo dio el comportamiento de los mercados: el S&P 500 subió un 23% en el año y el Nasdaq un 29%.
Activos bajo gestión globales (billones de $), 2005–2024, desde 36 hasta 128, con un crecimiento del +7% anual entre 2005 y 2009 y del +12% en 2024. A la derecha, entradas netas como porcentaje de los activos a inicio de año: 3,7% en 2024, frente al pico de 4,4% en 2021 y el mínimo de 0,9% en el periodo 2010–2014. Fuente: BCG Global Asset Management Market Sizing Database 2025 y BCG Global Asset Management Benchmarking Database 2025.
La distinción importa porque define la fragilidad del modelo. Los ingresos globales de la industria crecieron en 58.000 millones de dólares, pero más del 70% de esa mejora —42.000 millones— procedió del comportamiento del mercado, frente a solo el 30% (16.000 millones) de entradas netas de dinero nuevo. Dicho de otro modo: la mayor parte del crecimiento no se ganó captando clientes ni convenciendo a los que ya estaban de aportar más, sino simplemente porque la bolsa subió. Una industria cuya cuenta de resultados depende en esa proporción de un factor que no controla es, por definición, vulnerable a un mal año de mercado.
El segundo matiz es que ni siquiera todo ese viento de cola se quedó en casa. La mitad de la mejora de ingresos se evaporó por dos vías: el desplazamiento hacia productos más baratos y la compresión de comisiones.
Cascada de variación de ingresos 2023–2024 (%): el mercado aportó +10% y las entradas netas +4%; el cambio de mix de producto restó −4% y la presión de comisiones otro −3%, para un crecimiento neto del +7%. Fuente: BCG Global Asset Management Market Sizing Database 2025 y BCG Global Asset Management Benchmarking 2025.
La cascada lo dice todo: de un +14% bruto entre mercado (+10%) y flujos (+4%), las gestoras se quedaron con la mitad por el lado de los costes para el cliente. El mix de producto restó un 4% y la presión de comisiones otro 3%, dejando el crecimiento neto en +7%. Es el reflejo contable de una industria a la que, año tras año, le cuesta más cobrar por lo mismo.
El giro estructural a la gestión pasiva (y barata) no se detiene
Bajo el récord late una tendencia de fondo que lleva más de una década en marcha: el dinero abandona la gestión activa cara y se va a la pasiva barata. En fondos y ETF (excluyendo monetarios), la cuota de los activos en gestión activa bajó del 65% en 2023 al 61% en 2024. Los flujos lo confirmaron con crudeza: 0,1 billones de dólares de salidas netas de fondos activos frente a 1,6 billones de entradas en fondos pasivos.
Cuota de mercado de los activos en fondos y ETF por categoría, 2014–2024 (%). El fondo de gestión activa cae del 81,4% al 59,7%; el ETF pasivo sube del 8,7% al 22,1%; el fondo pasivo sube del 9,7% al 16,5%; y el ETF activo, todavía marginal, pasa del 0,1% al 1,7%. Fuente: ISS Market Intelligence Simfund y análisis de BCG.
La fotografía a diez años es elocuente: el fondo de gestión activa, que en 2014 copaba más de cuatro de cada cinco euros, ha caído por debajo del 60%, y los dos sustitutos pasivos —ETF y fondos indexados— se han repartido el terreno cedido. BCG matiza que el fenómeno tiene un fuerte sesgo regional: fueron los 337.000 millones de dólares de salidas de fondos activos en Norteamérica los que arrastraron los flujos globales a terreno negativo, mientras todas las demás regiones registraban entradas positivas, impulsadas sobre todo por la renta fija y por los ETF activos.
Ahí aparece la única buena noticia para la gestión activa, y es importante: el ETF activo. BCG dedica uno de sus gráficos a desmontar el prejuicio de que un ETF activo rinde menos que un fondo de gestión activa tradicional.
Rentabilidades medias totales (%) de ETF activos y fondos activos, año a año 2014–2024: prácticamente parejas (por ejemplo, 15% y 14% en 2019; −13% y −10% en 2022; 15% y 8% en 2024). A la derecha, comisión de gestión media: 1,08% en el fondo activo frente a 0,64% en el ETF activo, un 41% menos. Fuente: ISS Market Intelligence Simfund y análisis de BCG.
El mensaje es nítido: misma capacidad de batir al mercado, casi la mitad de comisión. El ETF activo global ha crecido a un ritmo del 39% anual en la última década y el 44% de todos los ETF lanzados en 2024 fueron de gestión activa, aunque todavía representan solo el 7% de los activos en ETF y el mercado está fragmentado (los diez mayores controlan el 65%). Para una gestora, entrar significa casi con seguridad canibalizar su propio negocio de fondos de mayor comisión —los ETF no ofrecen ventajas materiales de coste de producción— a cambio de capturar flujos que de otro modo no llegarían y de acercarse al cliente del futuro. Es exactamente el tipo de decisión incómoda que define el paso de recuperarse a reinventarse.
La otra gran oportunidad que señala BCG está en el cruce entre mercados privados y cliente minorista. Los alternativos generan ya más de la mitad de los ingresos globales de la industria con menos del 25% de los activos, y entre 2014 y 2024 crecieron a un 11,1% anual frente al 6,5% del resto del sector. El minorista controla el 48% de los activos globales y los gestores de privados quieren acceder a ese bolsillo mediante feeder funds tecnológicos y, sobre todo, evergreen semilíquidos, que se han multiplicado por más de cinco en cuatro años hasta superar los 300.000 millones de dólares de patrimonio neto en 2024. Es un terreno donde BCG anticipa mucha experimentación —incluida la tokenización vía blockchain— y donde conviene recordar el límite de fondo: trasladar activos ilíquidos a un cliente que espera liquidez es un problema de diseño que ninguna estructura resuelve del todo.
El tamaño importa, pero no de forma lineal
La segunda fuerza es la consolidación. BCG estudió 270 gestoras y encontró que la gestora media dobló sus activos entre 2013 y 2023. La intuición —cuanto más grande, más eficiente— es cierta, pero con un matiz que conviene no perder de vista.
Margen de coste (puntos básicos) por tramo de activos bajo gestión. El coste cae con fuerza desde el tramo más pequeño (<50.000 M$, 33 pb) hasta 150.000–300.000 M$ (una reducción del −45% al −55%), repunta un +15% a +20% en el tramo 300.000–500.000 M$ por las "deseconomías" de escala, y vuelve a bajar (−40% a −45%) en los tramos superiores. La gestión de inversiones y ejecución es la mayor partida (40% en el tramo pequeño, ~30% en el mayor). Fuente: BCG Global Asset Management Benchmarking Database 2024 y análisis de BCG.
La curva no es una pendiente continua hacia abajo, sino una "U" con una joroba intermedia. Por debajo de 300.000 millones de dólares, ganar tamaño reduce significativamente el coste sobre activos. Pero al cruzar ese umbral y acercarse a los 500.000 millones —típicamente ampliando clases de activo o segmentos de cliente— la complejidad dispara los costes y aparece un tramo de "deseconomías" de escala. Solo más allá de los 500.000 millones las mayores gestoras vuelven a optimizar. La lectura para el sector es que crecer por crecer no compensa: hay un valle peligroso donde muchas gestoras quedan atrapadas, ni lo bastante pequeñas para ser ágiles ni lo bastante grandes para amortizar la complejidad.
De ahí la ola de operaciones corporativas y alianzas, que BCG organiza en torno a cinco objetivos: ampliar la oferta de alternativos, expandir la presencia geográfica, construir capacidades tecnológicas y de datos, asegurar capital permanente (de ahí las alianzas con aseguradoras) y acercarse al cliente. El informe insiste, con buen criterio, en que el éxito no está en elegir bien el objetivo sino en ejecutar bien la integración.
Adelgazar de verdad, no recortar al margen
La tercera fuerza es el coste. En su muestra de referencia, BCG encontró que los costes totales crecieron a un ritmo del 6% anual entre 2022 y 2024, con la gestión de inversiones y ejecución como mayor partida (entre el 30% y el 40% del total). La respuesta que propone no es el tijeretazo lineal sino el enfoque zero-based: repensar la estructura de costes desde cero apoyándose en tres palancas —externalizar funciones no nucleares, automatizar con IA generativa y evitar costes duplicados al entrar en nuevas clases de activo.
El documento describe además una "trifurcación" de los modelos de coste en tres arquetipos: las alpha shops, que concentran el gasto en gestión y ejecución (cerca del 39% de sus costes) para sostener su capacidad de generar rentabilidad diferencial; las beta factories, que recortan en todo salvo en tecnología (el 22% de sus costes) para escalar y automatizar; y las distribution powerhouses, centradas en ventas, marketing y operaciones (en conjunto, otro 39%). Cada gestora tiene que decidir dónde se posiciona, porque el modelo "para todo" ha dejado de ser viable.
Lectura para una EAF
Lo más útil de este informe no es ninguno de sus diez gráficos por separado, sino la coherencia de su diagnóstico. La industria que fabrica los productos que usamos los asesores está bajo una presión estructural que va mucho más allá de un mal trimestre: comisiones a la baja, dinero migrando a lo pasivo y barato, y un modelo de ingresos demasiado pendiente de que la bolsa siga subiendo.
Para una EAF como BISSAN, ese diagnóstico tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que la presión competitiva entre gestoras juega a favor del cliente final: comisiones más bajas y vehículos más eficientes —los ETF activos son el ejemplo de libro— son exactamente el tipo de producto que conviene saber identificar y aprovechar al construir carteras, sin pagar de más por una etiqueta. La segunda es un recordatorio sobre la dependencia del mercado. Si la propia industria que vende los productos reconoce que el 70% de su crecimiento vino de que el mercado subió, el inversor haría bien en no confundir un buen año de bolsa con una buena estrategia. La diferencia entre recuperarse y reinventarse, que BCG plantea para las gestoras, vale igual para las carteras: no se trata de aprovechar el viento a favor, sino de estar bien construido para cuando deje de soplar.
