Hay una palabra que abre el último informe de fintech de BCG y FT Partners (la cuarta edición de su Global Fintech Report, publicada en junio) y que me parece la clave de todo: resurgencia. No recuperación, sino resurgencia. Y la distinción, que podría parecer un matiz de redactor, tiene mucha miga para quien gestiona un patrimonio.

Pensemos en lo que ha vivido este sector. Hace apenas dos años, el fintech salía malparado del reset de 2021: capital escaso, valoraciones desplomadas, y una pregunta incómoda flotando en el aire sobre si muchos de aquellos modelos de negocio aguantarían de pie. Pues bien, el tono ha cambiado por completo. Los ingresos globales del fintech superaron el medio billón de dólares en 2025 (504.000 millones, según el informe), creciendo un 22% interanual. Eso significa que el sector creció más de cuatro veces más rápido que la banca tradicional y ya representa cerca del 4% de los ingresos globales de servicios financieros, frente al 3% del año anterior.

Hasta aquí, el titular optimista. Pero lo interesante (y lo que de verdad importa para una cartera) no es el titular. Es cómo ha crecido.

Esta vez el rebote tiene cimientos

La gran diferencia respecto al ciclo anterior es que el rebote no lo está alimentando ni el optimismo especulativo ni el dinero barato, sino el rendimiento operativo. Y eso, para un inversor, lo cambia casi todo.

Exhibit 1 del informe ("Global Fintech Revenues Break Half a Trillion Dollars in 2025"): dos gráficos de barras apiladas, 2021-2025, en miles de millones de dólares. Por vertical (izquierda) y por región (derecha), ambos suman 257 → 294 → 334 → 414 → 504 ($B) con un crecimiento total de 22% en 2025. Las etiquetas de crecimiento 2024-2025 por vertical muestran 38% (trading and investments), 30% (deposits), 20% (insurance), 17% (lending), 15% (payments) y 18% (financial infrastructure); por región, 25% (Asia-Pacific), 24% (Europe), 21% (North America) y 15% (Latin America). Fuente: S&P Capital IQ, BCG FinTech Control Tower y BCG analysis.

De hecho, el dato que más me llama la atención no es el crecimiento del 22%, sino lo que ocurre por debajo. Entre las 85 mayores fintechs cotizadas, el margen EBITDA medio subió 4 puntos porcentuales en 2025, hasta el 20%, y el 74% de estas empresas ya son rentables, frente al 68% de 2024. Es decir: tres de cada cuatro grandes fintechs ganan dinero. No es una cifra menor para un sector al que durante años se le reprochó (con razón) que quemaba caja como si no hubiera mañana.

Exhibit 5 del informe ("Average EBITDA Margin Increased 4pp, While Share of Profitable Public Fintechs Grew"): tres paneles de barras, 2022-2025, sobre las 85 mayores fintechs cotizadas. Margen EBITDA medio (%): 4 → 12 → 16 → 20, con saltos de +8, +4 y +4 puntos. Porcentaje de fintechs rentables (%): 40 → 49 → 68 → 74, con saltos de +9, +19 y +6 puntos. Porcentaje por encima de la "Rule of 40" (%): 27 → 29 → 34 → 35, con saltos de +2, +5 y +1 puntos. Fuente: análisis financiero de las top 85 fintechs, S&P Capital IQ, Pitchbook, BCG FinTech Control Tower y BCG analysis.

¿Por qué insisto tanto en esto? Porque la diferencia entre un sector que crece quemando dinero y uno que crece generándolo es exactamente la diferencia entre una moda y un negocio. En BISSAN llevamos años repitiendo que el crecimiento sin rentabilidad es humo: cuando el dinero deja de ser gratis (y lleva ya tiempo sin serlo), las compañías que no generan caja propia quedan a merced de un mercado que puede cerrarles el grifo en el peor momento. Que el fintech esté demostrando márgenes y disciplina es justo lo que separa esta resurgencia del boom anterior.

El informe lo ilustra también en cómo se reparte el capital. La inversión es ahora mucho más selectiva que en 2021: entre 2023 y 2025, la financiación en fases avanzadas (Series E o posteriores) creció más de un 210%, mientras que el capital semilla y de business angels se contrajo en torno a un 10%. Traducido: el dinero premia a quien tiene economía clara y un camino creíble a escala, y castiga a quien solo tiene una idea bonita. Esa selectividad, dice BCG, es precisamente la señal de que el sector madura. Y maduración, para mí, es una palabra mucho más tranquilizadora que disrupción.

El capital ha vuelto, pero los múltiplos siguen exigiendo pruebas

Aquí viene el matiz que me parece más relevante para quien mira estas compañías desde una cartera. Sí, el capital ha vuelto: la financiación en acciones subió un 53% hasta los 58.000 millones de dólares en 2025, y las OPVs de fintech aumentaron un 50%, de 28 a 42. El M&A se aceleró todavía más, pasando de 105.000 millones de dólares en volumen en 2023 a 251.000 millones en 2025. La ventana de liquidez, cerrada durante años, vuelve a estar abierta.

Exhibit 6 del informe ("Equity Funding and IPO Activity Have Accelerated, While Valuations Have Grown Moderately"): tres paneles, 2022-2025. Financiación en acciones de fintech ($B): 88 → 43 → 38 → 58, con variaciones de -52%, -10% y +53%. Actividad de OPVs (recuento): 12 → 11 → 28 → 42, apiladas por región (North America, Asia-Pacific, Europe, Middle East and Africa), con variaciones de -8%, +155% y +50%. Múltiplo sobre ingresos de las fintechs cotizadas: 9,1x → 5,2x → 4,9x → 5,7x, con variaciones de -43%, -6% y +16%. Una nota indica que el repunte de financiación continuó en 2026, con 14.800 millones en el primer trimestre. Fuente: S&P Capital IQ, Pitchbook, BCG FinTech Control Tower y FT Partners proprietary database.

Y sin embargo, fíjate en el tercer panel del gráfico, que es donde está la lección. El múltiplo sobre ingresos de las fintechs cotizadas, que llegó a estar en 9,1x en 2022, cayó hasta 4,9x en 2024 y solo ha rebotado modestamente hasta 5,7x en 2025. Es decir: los beneficios mejoran, el capital privado vuelve, pero el mercado público todavía no ha pagado por ello. El propio informe lo dice con un dato durísimo: las 30 mayores OPVs de fintech de los últimos cinco años han quedado por detrás del sector financiero amplio en unos 24 puntos porcentuales de rentabilidad anual para el accionista (TSR).

Esto, para mí, es la parte más honesta del informe. El mercado público sigue haciendo preguntas difíciles (rentabilidad, concentración de clientes, madurez del cumplimiento normativo, durabilidad del crecimiento) y no se conforma con el relato. Y hace bien. Desgraciadamente, la historia reciente está llena de inversores que compraron crecimiento a cualquier precio y terminaron con pérdidas cuando ese crecimiento no se tradujo en caja. Que el inversor público esté siendo exigente no es una debilidad del sector: es una vacuna contra la próxima burbuja.

Tres fuerzas que van a decidir quién gana

El informe dedica su cuerpo central a siete tendencias, pero hay tres que me parecen las que de verdad mueven la aguja para valorar estas compañías.

La primera es la inteligencia artificial, y aquí BCG es notablemente sobrio. Su tesis es que el valor real de la IA está hoy concentrado en lo operativo y lo aburrido (ingeniería de software, detección de fraude, KYC, extracción de documentos, flujos de cumplimiento), no en la experiencia de cliente totalmente autónoma que vende el hype. Según su propia experiencia, equipos pequeños que usan bien la IA pueden entregar a cinco veces la velocidad de una organización mucho mayor. Eso es ventaja competitiva pura: quien construye más rápido y más barato gana cuota. Pero el informe avisa de que los agentes autónomos de cara al consumidor (esos que tomarán decisiones financieras por ti) siguen siendo el capítulo siguiente, no el actual, frenados por la confianza, la responsabilidad legal y la regulación. Es una distinción sana entre lo que ya genera valor y lo que todavía es promesa.

La segunda son los activos digitales, donde el informe es a la vez más creíble y más cauto que en ciclos anteriores. Los datos están: la criptomoneda ronda los 3 billones de dólares de capitalización, las stablecoins unos 300.000 millones, y los activos del mundo real tokenizados unos 30.000 millones (pequeños, pero ya significativos). La tesis de BCG me parece sensata: más allá del trading de cripto, los casos de uso a escala siguen siendo esquivos, y el próximo motor probablemente sea la tokenización de activos reales (fondos de materias primas, instrumentos del mercado monetario, alternativos, deuda titulizada) antes que los pagos con stablecoins. Lo analizo aquí en clave de entender el mapa, no de recomendar; me limito a señalar que el informe estima que hacia 2035 solo en torno al 16% de los activos invertibles del mundo real estará en forma tokenizada, con enormes diferencias por clase de activo. Es decir: una transformación real, pero gradual y desigual. Nada de revoluciones de la noche a la mañana.

La tercera, y la que más me interesa como observador del sector financiero, es que la frontera regulatoria entre bancos y fintechs se está estrechando. Durante años, muchas fintechs ofrecían productos casi bancarios sin las obligaciones de un banco, jugando en otro tablero. Eso se acaba. En EE. UU., las solicitudes de licencia bancaria se multiplicaron por más de cinco entre 2024 y 2025, y nombres como Revolut, Nubank, Coinbase o Ripple han pedido charters federales. ¿Qué significa esto? Que las fintechs ganadoras tendrán que aceptar las cargas de ser bancos (capital, supervisión, cumplimiento) a cambio de sus ventajas. La arbitraje regulatorio, que fue durante años parte de su atractivo, se desvanece. Y eso, paradójicamente, favorece a los grandes y a los disciplinados.

Y esto, ¿qué significa para tu dinero?

Llegados aquí, conviene aterrizar. Pocas familias tienen exposición directa a una fintech concreta, pero casi todas la tienen indirecta: a través de fondos tecnológicos, de índices que cada vez pesan más en estas compañías, o de bancos tradicionales cuyo valor depende de cómo respondan a este envite.

Mi lectura es la siguiente. Primero, que un sector pase de quemar caja a generarla es buena noticia estructural, pero el momento de comprar relato a precio de oro ya pasó (el mercado público te lo está recordando con esos múltiplos que no terminan de subir). Segundo, que la dispersión va a ser brutal: el propio informe insiste en que los líderes a escala están ampliando su ventaja, lo que significa que dentro del fintech habrá ganadores muy claros y perdedores que se quedarán por el camino. Comprar el sector entero, en un mundo así, es comprar tanto a los unos como a los otros. Y tercero, que la convergencia con la banca tradicional desdibuja la vieja frontera entre disruptores e incumbentes: algunos bancos saldrán reforzados, algunas fintechs se bancarizarán, y el inversor que piense en bloques cerrados se va a equivocar.

¿Dónde me puedo equivocar? Sería irresponsable no decirlo. Es perfectamente posible que la euforia de la IA infle de nuevo las valoraciones de cualquier compañía que sepa contar una buena historia, y que el mercado vuelva a pagar múltiplos disparatados antes de que los beneficios los justifiquen. Si eso ocurre, el riesgo no será de falta de crecimiento, sino de exceso de precio. Y ese, en mi experiencia, es el riesgo que más dinero ha hecho perder a los inversores de los grandes temas tecnológicos.

Así pues, me quedo con la imagen que abre el informe: la del fintech en resurgencia, pero sin euforia infundada. Es, probablemente, la postura más sabia ante un sector que ya no necesita demostrar que existe, sino demostrar que dura. El tiempo dirá cuáles de estas compañías lo consiguen. Mientras tanto, la disciplina (la suya y la nuestra) seguirá siendo el mejor filtro.