Hay preguntas que el mercado prefiere no hacerse cuando todo sube. GMO, fiel a su estilo, se hace una de las incómodas: ¿qué nos dice la historia sobre los grandes booms de inversión corporativa? Martin Emery, estratega del equipo Systematic Global Macro de la casa de Boston, y Emmeline Fletcher firman en marzo de 2026 esta nota de la serie Alternative Insights con un título que es toda una declaración: Sink or Swim? — ¿la nueva ola de inversión en IA hará flotar al mercado o lo hundirá?

La respuesta corta, apoyada en cuatro décadas de datos y en literatura académica sólida, no es la que le gustaría oír al consenso: históricamente, los booms de inversión corporativa han venido asociados a recesiones y a menores retornos bursátiles. Y estamos, de hecho, en pleno boom.

El boom de capex que sostiene la narrativa

El punto de partida es conocido. El mercado americano (y, por extensión, el global) lleva tiempo impulsado por los valores ligados a la inteligencia artificial. Como dicen los autores con cierta sorna, la persona media de la calle ya sabe explicarte qué es un hyperscaler: la palabra ha entrado en el léxico cultural. Una parte central de la historia que ha inspirado al mercado es la promesa de gasto en capex de estas compañías: el Exhibit 1 del documento muestra las previsiones de inversión de Amazon, Microsoft, Google, Meta, Apple y Oracle creciendo año tras año desde 2023 hasta 2028, en una escalera ascendente que no da señales de frenar.

El detalle que da vértigo: estas firmas constituyen, colectivamente, alrededor de una cuarta parte de la capitalización del S&P 500. Cuando una porción tan grande del mercado promete desembolsos tan enormes, la pregunta de si esos booms de capex suelen anticipar inversiones sabias o avisar de sobreoptimismo deja de ser académica.

Lo que la historia dice de los booms de inversión

Aunque, precisamente, de la academia viene la munición. GMO recupera el trabajo de Salman Arif (Indiana University) y Charles M.C. Lee (Stanford), Aggregate Investment and Investor Sentiment, publicado en Review of Financial Studies. Los autores no se limitan al capex: construyen una medida más amplia de inversión corporativa (cambio en activos operativos netos más I+D, sobre activos totales medios), porque la inversión económica también se hace vía I+D o expansión de inventarios. Su hallazgo central: una mayor inversión corporativa agregada se asocia con menores retornos bursátiles posteriores. Y, además, los períodos de inversión elevada tienden a producirse justo antes de las recesiones.

La idea ni siquiera era nueva entonces: ya a principios de los 90, Cochrane (1991) teorizaba que, si el gasto en capital disminuye con el coste del capital, la inversión debería predecir negativamente los retornos bursátiles. El patrón se ha repetido recesión tras recesión.

GMO ha hecho lo que hay que hacer con un resultado académico que importa: replicarlo y actualizarlo. Examinaron el nivel de inversión corporativa de todas las compañías no financieras del S&P 500 desde 1985 y lo cruzaron con los retornos posteriores del mercado. La relación negativa sigue ahí, y es fuerte.

Gráfico de dispersión del S&P 500 que cruza "Corporate Investment" (eje horizontal, de -2 a 14) con "Next 12m Market Return" (eje vertical, de -40 a 60), con línea de tendencia descendente Figura 1. Inversión corporativa vs. retorno del S&P 500 a 12 meses — Fuente: GMO, Worldscope.

La nube de puntos habla sola: la recta de tendencia baja desde retornos esperados cercanos al +27% cuando la inversión corporativa es mínima hasta terreno claramente negativo cuando es máxima, cruzando el cero alrededor de niveles de inversión de 7-8. Y en el extremo derecho no hay ambigüedad: todas las observaciones con inversión corporativa por encima de 9 acabaron con retornos negativos a 12 meses, en la zona del -22% al -27%.

Por si fuera poco, el resultado viaja bien: Arif y Lee lo encontraron en varios mercados internacionales, y GMO lo confirma en los países desarrollados del MSCI. En 20 de los 23 mercados (todos salvo Japón, Nueva Zelanda y Países Bajos) existe relación negativa entre inversión corporativa y retornos futuros. La inversión corporativa alta es, en general, motivo de cautela, no de confianza.

Inversión, sentimiento y ciclo: el porqué

¿Por qué ocurre esto? Una de las observaciones clave de Arif y Lee es que la inversión corporativa está estrechamente ligada al ciclo económico. El gráfico histórico de Estados Unidos es elocuente.

Serie temporal "USA Investment with Recessions" de 1975 a 2025, con la inversión corporativa entre -2 y 14 y bandas grises de recesión que coinciden con los picos Figura 2. Inversión corporativa en EE.UU. y recesiones — Fuente: GMO, Worldscope.

Los picos de inversión coinciden una y otra vez con las bandas grises de recesión: el máximo de 1981 cerca de 10, los picos en torno a 8 alrededor de 1990, el techo de la serie cerca de 14 en 2000 (con otro pico sobre 12 justo después), y el repunte hacia 9 que precede la crisis de 2008. Tras la Gran Crisis Financiera, la inversión se hundió hasta la zona de 0-2, llegó a tocar terreno negativo en torno a 2020... y desde entonces sube de forma sostenida hasta la zona de 4-5 a cierre de la serie. La marea, de nuevo, está subiendo.

La explicación más plausible apunta al exceso de confianza de los directivos. Jiang et al. (2019) miden directamente la confianza corporativa analizando el tono textual de los directivos en sus comunicaciones financieras, y encuentran que, en agregado, un tono positivo es un fuerte predictor negativo de los retornos futuros del mercado: la mayor confianza precede mayor crecimiento de la inversión, sobreinversión y, al final, menores retornos.

Y aquí GMO deja caer un dato que pone la piel de gallina: las últimas earnings calls de los grandes hyperscalers han sido extremadamente positivas.

Gráfico de barras "Latest Earnings Call Sentiment vs. Previous 4 Quarters" con el eje "Percent Positive" de 0 a 80 y dos series, "Latest Quarter Call" y "Average of Last 4 Quarters", para Amazon, Microsoft, Google, Meta, Apple y Oracle Figura 3. Sentimiento de la última earnings call vs. media de los 4 trimestres previos — Fuente: GMO, FactSet, Alexandria.

Las cifras del gráfico son llamativas: Amazon pasa de una media de tono positivo en torno al 24% en los cuatro trimestres previos a un 65% en la última call; Microsoft, de cerca del 28% al 54%; Google, de unos 23% al 58%; Meta, de alrededor del 30% al 52%; y Apple, del 44% al 75%. La única excepción es Oracle, que recorre el camino inverso: de una media superior al 70% a un 43% en su última call. Si el optimismo agregado de los directivos predice negativamente los retornos, este gráfico es más una advertencia que una celebración.

¿Y si esta vez es diferente?

GMO no esquiva los contraargumentos, que existen y son razonables. El primero: el boom de gasto en IA no sería tanto una apuesta de crecimiento como una necesidad estructural — los hyperscalers tienen que invertir para seguir siendo relevantes; si no invierten, desaparecen del mapa. El segundo: estas compañías son ricas en caja y operan con márgenes altos, así que la inversión drenaría menos los retornos que en ciclos pasados.

Puede que estos argumentos acaben siendo válidos, conceden los autores, y que este ciclo diverja del precedente histórico. Aun así, su recomendación es enmarcar el entorno actual contra el telón de fondo de episodios pasados en los que la inversión agregada inusualmente alta llevaba señales importantes de riesgo. "Esta vez es diferente" es una frase que ha costado mucho dinero a lo largo de la historia financiera.

Cómo se posiciona GMO

La parte más jugosa para el inversor profesional es ver cómo la casa traduce el análisis a cartera. Dentro de la estrategia Systematic Global Macro no toman posiciones directas en acciones individuales, pero el boom de IA condiciona fuertemente el posicionamiento: un spread potente en "países IA" — largos de EE.UU., cortos de tecnología americana, cortos de Corea y cortos de Taiwán. Ven todos esos mercados particularmente caros, con una previsión de retorno a largo plazo (por valoración) inferior a la tasa de la liquidez. Y, más importante aún: como ven tantos mercados caros, la cartera está bastante corta de renta variable en términos agregados.

Serie temporal "MSCI World – SGM Forecast" de 2000 a 2026 con cinco líneas — Korea, U.S., U.S. Tech, Taiwan y Developed World — en una escala de -8 a 12 Figura 4. Previsiones del modelo Systematic Global Macro por mercado — Fuente: GMO.

El gráfico de previsiones del modelo cierra el argumento visualmente: tras dos décadas oscilando, las cinco series (Corea, EE.UU., tecnología americana, Taiwán y el mundo desarrollado) convergen en el tramo final hacia terreno negativo —entre 0 y -5, con Taiwán en la parte más baja del rango—, con una caída pronunciada al acercarse a 2026. Cuando el modelo te dice que el retorno esperado de casi todo es negativo o inferior a la liquidez, la conclusión de cartera se escribe sola.

Nuestra lectura

La conclusión de GMO es matizada pero firme: algo sin precedentes está ocurriendo en el mundo de la IA, y a la vez el ciclo de inversión que la rodea sigue gobernado por las mismas fuerzas macroeconómicas y de sentimiento que han moldeado todos los períodos previos de innovación tecnológica. La metáfora final del documento es preciosa: esta ola de inversión probablemente apunta a menores retornos de mercado, pero eso no impide anticipar la ola, sumergirse bajo ella, posicionar la cartera en consecuencia y mirar atrás mientras el agua se retira hacia la orilla.

Desde nuestra perspectiva, el valor de esta nota no está en predecir el pinchazo (nadie sabe el cuándo), sino en recordar una asimetría que el inversor de largo plazo no debería olvidar: cuando la inversión corporativa agregada está en máximos, la historia dice que el abanico de retornos futuros se estrecha por arriba y se ensancha por abajo. No hace falta estar corto del mercado para tomar nota; basta con no extrapolar la euforia, revisar las valoraciones de lo que se tiene en cartera y asegurarse de que el plan patrimonial no depende de que "esta vez sea diferente". Las olas, desgraciadamente, no avisan antes de romper.