Schroders es, quizá, la casa europea que más tiempo lleva tomándose en serio los regímenes de mercado como objeto de estudio. Su equipo QEP — sistemático, fundamental, contrarian sin ser dogmático — acaba de publicar un paper que rema contra la corriente actual sin aspavientos: probablemente no estemos en una burbuja, dicen, y aunque lo estuviéramos, no debería importarnos tanto. El mercado de 2026, según ellos, ofrece "algo para todos". Vamos a ver si tienen razón.

El argumento de la "casi-burbuja"

QEP identifica cinco hallmarks clásicos de una burbuja — valoraciones extremas, concentración en pocos nombres, narrativa única, capex masivo, participación retail elevada — y reconoce que estamos a tres de cinco. El equivalente, dicen, de un cielo que se pone gris pero del que no llega a llover.

La distinción crítica es comparar magnitudes con burbujas históricas reales. El P/E forward del Mag-7 (Apple, Microsoft, Nvidia, Alphabet, Amazon, Meta, Tesla) está en 27×. Suena alto. Pero los líderes de la burbuja TMT en 2000 cotizaban a 52×, los bancos japoneses en el pico de 1989 a 67×, y hasta el Nifty Fifty de 1973 estaba en 34×. Hoy estamos por debajo de todos ellos.

Tabla comparativa del Magnificent 7 (2025) frente a Japan Financial Bubble (1989), y del Tech Bubble Leaders (2000) frente al Nifty Fifty (1973), con 24m forward P/E y peso en el índice Figura 1. Valoración de los líderes de las cuatro burbujas comparadas. El Magnificent 7 ponderado de 2025 cotiza a 27× frente a 67× del pico bancario japonés de 1989, 52× del Tech Bubble de 2000 y 34× del Nifty Fifty de 1973. Fuente: Goldman Sachs, «Why we are not in a bubble... yet», octubre 2025 (recogido por Schroders).

Llamar burbuja a un mercado donde los líderes cotizan a 27× cuando otros mercados llamados burbuja cotizaron al doble o al triple requiere subir mucho el listón semántico.

El paralelismo correcto no es 1999 — es 1973

Aquí está la lectura más útil del paper, y la que nos parece más original. QEP descarta la analogía con la burbuja TMT (las empresas líderes hoy son rentables, no pre-revenue) y con la japonesa (los bancos del Nikkei eran un caso de leverage sistémico). Su referencia preferida es el Nifty Fifty de finales de los 60 y principios de los 70.

El Nifty Fifty era un grupo de blue-chips americanos — Coca-Cola, McDonald's, IBM, Disney, Procter & Gamble, Walmart — considerados one-decision stocks: cómpralos una vez y olvídate. Eran negocios excelentes. Y, sin embargo, el grupo cayó un 60 % desde su pico en 1973 y tardó más de una década en recuperar máximos. Polaroid cayó 91 %, Xerox 86 %.

¿Por qué importa este paralelismo? Porque demuestra una verdad incómoda: incluso una compañía excelente puede ser una pésima inversión si la compras al precio equivocado. Jeremy Siegel publicó en 1998 un análisis fascinante mostrando que el Nifty Fifty, a largo plazo, ofreció un crecimiento de beneficios del 11 % anual (3 pp por encima del S&P), pero el punto de entrada era tan alto que el inversor que entró en el pico apenas batió al índice tras dos décadas. La frase que se nos queda grabada: "hay que pagar por el crecimiento, pero no a cualquier precio".

Si extrapolamos al presente: los hyperscalers (Microsoft, Google, Amazon, Meta) probablemente sí ejecuten su tesis de IA. Eso no impide que, comprándolos a múltiplos actuales, el retorno para el accionista de hoy sea modesto durante una década. Distinguir entre "es una buena empresa" y "es una buena inversión a este precio" sigue siendo el ejercicio más difícil del oficio.

Lo que QEP recomienda: rotar sin abandonar

Donde el paper se vuelve genuinamente útil es en el "qué hacer". QEP es una casa sistemática que prioriza calidad y valoración, así que su sesgo natural está en las áreas que han quedado atrás. Pero su recomendación va más allá del cliché del "value comeback":

  1. Mantener foothold en los líderes de IA. No vendas todo el Mag-7. La transmisión real de la productividad por IA aún no está priceada en muchos sectores adyacentes.
  2. Construir resilencia vía diversificación. El S&P equiponderado lleva 40 años batiendo (con ciclos) al cap-weighted. Hoy el spread está en máximos. Es estructuralmente difícil que el patrón se rompa.
  3. Cíclicos antes que defensivos. En la primera fase de una rotación, los industriales (construcción, manufactura) y materiales son los beneficiarios naturales — más cerca de "la historia de crecimiento" que los defensivos.
  4. Defensivos baratos, sí — pero solo healthcare por ahora. Consumer staples está atrapado entre dietas cambiantes (GLP-1s) y la calidad ya cara. Healthcare ofrece mejor valoración con menos incertidumbre estructural.
  5. Value ex-US. El factor value europeo todavía cotiza barato relativo a su propia historia. La rotación que empezó en 2025 tiene recorrido.

Las tres cosas que merecen un matiz

QEP es una casa seria, pero hay tres puntos donde la lectura desde Europa difiere:

Primero, el énfasis en value ex-US asume que la debilidad del dólar de 2025 no se mantiene. Si la Fed se mantiene más laxa que el BCE — escenario probable — el dólar puede seguir débil, lo que penaliza al inversor europeo no cubierto en RV americana. La rotación geográfica funciona menos si el FX se mueve a tu favor.

Segundo, la idea de que los emergentes son hoy "calidad infravalorada" merece desagregar. India está al precio justo. China cotiza con descuento que refleja riesgo político real, no opcionalidad. Tailandia, Indonesia y México son las apuestas más limpias en EM hoy — no los nombres tradicionales.

Tercero, sobre el riesgo de "disorderly rise in yields". QEP lo menciona pero no lo desarrolla. Para inversores europeos, el riesgo de cola más subestimado del 2026 no es la inflación americana — es la fiscal francesa. Los spreads OAT-Bund ya están descontando algo, pero no lo suficiente.

¿Y si finalmente sí es una burbuja?

QEP cierra con un ejercicio honesto: ¿qué pasaría si los próximos 12-18 meses muestran que sí estábamos en burbuja? La respuesta histórica es consoladora. En cada episodio post-burbuja, el mercado global ha seguido generando retornos aceptables — pero a través de rotación. Tras 2000, lo hicieron emergentes, materias primas y value. Tras 1973, lo hicieron los activos reales y los cíclicos. Tras 1989, lo hizo todo lo que no era Japón.

La conclusión operativa es clara: no se trata de calar el techo, sino de tener una cartera que pueda soportar regímenes diferentes sin sacrificar upside. Quien intentó timing el techo del Nasdaq en 1999 se perdió un año entero de subidas. Quien lo gestionó vía diversificación gradual hacia value y emergentes hizo dinero durante toda la corrección.

El veredicto

Es un paper sensato, no demasiado largo, y con un par de gráficos que merecen marcador (la tabla comparando P/E de las burbujas históricas y el ratio equal-weight/cap-weight a 40 años). La conclusión es la que muchos teníamos en mente pero formulada con más rigor: 2026 probablemente no es una burbuja, pero tiene suficientes hallmarks como para que la diversificación valga su coste.

Para los inversores de BISSAN, las implicaciones son tres:

  1. Mantener exposición a calidad americana, pero revisar a la baja el peso de los Mag-7 individuales — el sesgo de los benchmarks ya nos da exposición suficiente vía índice.
  2. Aumentar el peso de cíclicos europeos — industriales y materiales. El factor está barato.
  3. No tocar el oro todavía. Está en máximos y el riesgo de cola que cubre (inflación + dólar débil) ya está parcialmente priceado.

Si el paper acierta, 2026 será el año en que se demuestre que un mercado puede subir mientras sus líderes rotan. Si se equivoca, será 1973 — y nos veremos en 2036.